Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

La playa en otoño

Basta apenas un rato conduciendo para llegar a la misma playa que hace unas semanas estaba tan abarrotada de veraneantes que sólo me acercaba para visitar a la familia. Aunque en el sur aún se mantiene un calor aceptable, el calendario dice que ya hemos estrenado el otoño, y en la playa la mayoría de los bares y tiendas están cerrados, y en los que aún resisten estos días con valentía o inconsciencia hay tan pocos clientes que una vuelta por el centro comercial tiene algo de fantasmagoría. En la orilla, si uno no vuelve la cabeza para obviar los bloques de apartamentos vacíos, no es muy diferente a estar sentado en una playa desierta: apenas algunas sombrillas muy espaciadas, muy de tarde en tarde un vendedor de relojes que sigue pateándose la arena como si aún no hubiera terminado el verano, siempre con la sonrisa resignada, una mancha blanca en mitad de la cara negra, cuando le dices, también sonriendo, que lo sientes, que no vas a comprar nada.

Menos gente todavía en el agua que en la arena, y celebro estos baños tanto como los primeros del año, al final de la primavera, incluso más, porque ahora la temperatura del mar es más agradable que en abril o en mayo. Paseo mucho rato, al caer la tarde, sin apenas encontrarme con nadie, y enseguida se me hace de noche porque ahora los días son más cortos. No me he traído el ordenador, no tengo conexión a Internet, y maldita la falta que me hace. Compro el periódico cada mañana: puede que sea un anticuado porque siempre preferiré leer la prensa en el ordenador o en esas tabletas que ahora se han puesto de moda. Apenas veo la tele. He traído unos cuantos libros que me hacen compañía. Duermo como un bebé a pesar de que la mayoría de los días no soy capaz de espantar el insomnio.

Qué sencilla puede ser la vida cuando todo se reduce a tres o cuatro cosas que te importan. Y a mí hay pocas cosas que me gusten más que la playa en otoño.

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© Andrés Pérez Domínguez, septiembre de 2011

Comentarios

Olga Olmedo ha dicho que…
Para mi mucho más cercano al paraiso que pelearme por un metro cuadrado de arena hirviendo. Una entrada preciosa, aunque da un poco de envidia. Un saludo
naty ha dicho que…
Muy linda reflexión.Apreciar la playa en el otoño es maravilloso.Contemplar el mar al atardecer transmite mucha paz.
Muchos saludos,Andrés.
Rosa mary ha dicho que…
Suerte que tienes .Cuando más me gusta que hay poca gente,al principio y al final del verano que hay pocas personas y es toda ( o casi)para ti .y en otoño más como en la foto.tú que la tienes cerca .Un saludo
Lía ha dicho que…
El mar (sin playa, sin gente y con las manos cargadas de palabras nuevas) todo un placer..

Un abrazo al pasar
Anita Noire ha dicho que…
Pues sí, pocas cosas tan buenas como la playa en otoño. Disfrútalo.
Andrés Pérez Domínguez ha dicho que…
Muchas gracias por vuestros comentarios. La verdad es que sí, que no se está tan mal en la playa estos días.
Abrazos para todas,
Unknown ha dicho que…
Otra sensación parecida: oír el tintineo de los aparejos de los barcos en el puerto deportivo (pongamos Puerto Marina)con una ligera brisa sin el jolgorio acústico del verano.
Ambos tienen su punto. Creo que se disfruta porque existe el contraste.

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