Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Anuncios navideños

Igual que los petardos insoportables y los árboles de Navidad de los chinos, abundan estos días los cascarrabias nostálgicos de Scrooge que abominan de las fiestas, del buenismo hipócrita y la felicidad irreal o sospechosamente forzada de los últimos días de diciembre. Sin embargo, a mí me gusta la Navidad. Casi siempre, y aunque moleste a los aguafiestas, saca lo mejor de nosotros durante unos días. La vida ya es bastante jodida y hay demasiados hijos de puta sueltos por ahí como para no alegrarse de tener una tregua.

No soy de lágrima fácil, pero una de las cosas que más me gustan de la Navidad son los anuncios. No tiene nada de extraordinario porque los anuncios me gustan en cualquier época del año. Pero, sí, los anuncios navideños tienen algo especial. Desde los turrones El almendro hasta ese de hace dos o tres años, creo, en el que un padre aprovechaba para escuchar un “te quiero” de labios de su hijo gracias a una película; o el año pasado, el de la niña cubana que le regalaba por Navidad a su abuelo una bola de nieve. Pero el de Campofrío de este año me ha dejado tumbado, y cada vez que lo veo me emociono.

No sé si después de rodar el anuncio Florentino Fernández y Chiquito de la calzada han vuelto a pleitear por las imitaciones que el primero hacía de el segundo; tampoco sé si Pajares y Esteso sólo se han dirigido la palabra porque estaban las cámaras delante. Ni lo sé ni me importa. Me gusta mucho lo que veo. Punto. Y siento una bola en la garganta cuando suena el teléfono y aparece el maestro Gila. Pero es que, ya lo dije al empezar: yo soy de esos sentimentales que prefieren disfrutar de la Navidad.

Feliz Navidad a todos los que os pasáis por aquí.

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© Andrés Pérez Domínguez, diciembre de 2011

Comentarios

Carlos ha dicho que…
A mí también me ha emocionado muchísimo!!! Feliz Navidad, Andrés!!

Carlos
Pakiba ha dicho que…
FELIZ AÑO 2012, que se cumplan todos tus propósitos.
Andrés Pérez Domínguez ha dicho que…
Muchas felicidades para los dos.
Abrazos,

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