El tiempo, tan extraño
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Una de las razones, si no la principal, por la que no he acabado nunca de hacer las maletas del todo para no volver es porque soy de esos tipos a los que les gusta estar cerca de los suyos. No soy dado a la nostalgia ni a la melancolía, y aunque a menudo me gusta recordar el pasado prefiero mirar hacia delante. Quiero decir que no me costaría un día empaquetar unos cuantos libros y largarme para siempre, muy lejos. Pero igual que soy capaz de no echar de menos los lugares donde he vivido ―bueno, un poco sí, pero sólo lo justo―, con la gente no me sucede lo mismo. Con mi gente. De éstos no soy capaz de estar lejos mucho tiempo. Hoy han celebrado mis padres su aniversario de boda, y yo he estado con ellos, por supuesto. Uno cree irresponsablemente que los años no pasan, pero son las celebraciones las que te hacen pensar y te devuelven a la realidad.

El tiempo, ya digo, es algo muy raro: era ayer cuando yo tenía diecinueve años y mis padres celebraron sus bodas de plata, y de pronto sólo tengo muy pocos años menos de los que mi madre tenía entonces. Intento mirar hacia atrás y es como un pestañeo, como si las manos de un loco hubieran pasado a toda velocidad las hojas de un calendario.
Pero tantos años después seguimos aquí. La familia, al cabo, es lo único que importa. Por todo lo demás no hay que preocuparse demasiado.
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© Andrés Pérez Domínguez, diciembre de 2011
Comentarios
Un besote grande.
Felicidades a tus padres por su aniversario y que puedan estar juntos y celebrarlo muchísimos más.
Un abrazo.
Pakiba, Rosa Mary. Muchas gracias por vuestras palabras.
Abrazos a las tres,