Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Rubén Castro: héroe de novela... y futbolista



Hace tiempo que quería contar esto en el blog, pero un lector me ha escrito hoy para preguntarme por lo mismo y, como no es la primera vez, aprovecho para aclarar un asunto que no deja de tener su gracia. Como los lectores de la novela saben, uno de los personajes principales de El violinista de Mauthausen se llama Rubén Castro. Y también se llama Rubén Castro uno de los futbolistas del Betis. Al ser yo sevillano más de uno ha pensado, con bastante fundamento, que no se trata de una casualidad, sino que la pasión futbolera me llevó a bautizar a uno de mis personajes con el nombre de un jugador del Betis. Para ganarme el favor de mis lectores verdiblancos podría decir que es así, pero mentiría. Escribí El violinista de Mauthausen entre las primaveras de 2008 y 2009, y elegí el nombre de Rubén Castro para uno de los personajes porque me resultaba peculiar, fácil de recordar, incluso eufónico. Quienes me conocen saben que cuido bastante la elección de los nombres de mis personajes. Antes de decidir cómo llamaría al protagonista de mi nueva novela gasté media docena de páginas de una libreta combinando nombres y apellidos. Manías de escritor.
A lo que iba: cuando la escritura de El violinista de Mauthausen estaba bastante avanzada escuché en la radio que había un futbolista llamado Rubén Castro que jugaba, si mal no recuerdo, en el Huesca. Me hizo gracia, y no le di ninguna importancia. Luego la novela ganó el Premio Ateneo de Sevilla y el futbolista Rubén Castro ha terminado convirtiéndose en una estrella verdiblanca. No sé si él sabe que además de ser un ídolo para los béticos también se llama igual que un héroe de novela.


© Andrés Pérez Domínguez, mayo de 2012

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