Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Rubén Castro: héroe de novela... y futbolista



Hace tiempo que quería contar esto en el blog, pero un lector me ha escrito hoy para preguntarme por lo mismo y, como no es la primera vez, aprovecho para aclarar un asunto que no deja de tener su gracia. Como los lectores de la novela saben, uno de los personajes principales de El violinista de Mauthausen se llama Rubén Castro. Y también se llama Rubén Castro uno de los futbolistas del Betis. Al ser yo sevillano más de uno ha pensado, con bastante fundamento, que no se trata de una casualidad, sino que la pasión futbolera me llevó a bautizar a uno de mis personajes con el nombre de un jugador del Betis. Para ganarme el favor de mis lectores verdiblancos podría decir que es así, pero mentiría. Escribí El violinista de Mauthausen entre las primaveras de 2008 y 2009, y elegí el nombre de Rubén Castro para uno de los personajes porque me resultaba peculiar, fácil de recordar, incluso eufónico. Quienes me conocen saben que cuido bastante la elección de los nombres de mis personajes. Antes de decidir cómo llamaría al protagonista de mi nueva novela gasté media docena de páginas de una libreta combinando nombres y apellidos. Manías de escritor.
A lo que iba: cuando la escritura de El violinista de Mauthausen estaba bastante avanzada escuché en la radio que había un futbolista llamado Rubén Castro que jugaba, si mal no recuerdo, en el Huesca. Me hizo gracia, y no le di ninguna importancia. Luego la novela ganó el Premio Ateneo de Sevilla y el futbolista Rubén Castro ha terminado convirtiéndose en una estrella verdiblanca. No sé si él sabe que además de ser un ídolo para los béticos también se llama igual que un héroe de novela.


© Andrés Pérez Domínguez, mayo de 2012

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