Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

El héroe de Tiananmen



 Me entero hoy de que se cumplen 23 años de las revueltas de Tiananmen y, como todo el mundo, al recordarlo resulta inevitable que la primera imagen que se me venga a la cabeza sea la del héroe solitario que detuvo una fila de tanques en la Cháng An Dà Jie, muy cerca de famosa plaza, armado con un par de bolsas de plástico. Pienso en este valiente y recuerdo haber leído alguna vez que jamás se volvió a saber nada de él, si sobrevivió y sigue en China; si se marchó al exilio. Ni siquiera su nombre. Me gustaría pensar que aún está vivo, quizá secretamente orgulloso de aquel gesto que nos enseñó a todos lo que significan palabras tan usadas ―tan mal usadas― como valor o dignidad. Pero la lógica me conduce a pensar que lo silenciaron para siempre. Leyendo testimonios de los supervivientes del Holocausto comprendí lo que significaba el sentimiento de culpabilidad de los que sobreviven a las tragedias. ¿Por qué he tenido que sobrevivir yo y no muchos otros que fueron más valientes? se preguntaban apesadumbrados. En las novelas o en las películas los héroes suelen vencer, pero quizá no sea ésa sino una de las ventajas de la ficción: acomodar el mundo a la manera en que nos gustaría que fuese, para compensar la vida. A lo mejor por eso a la gente le gusta leer novelas y ver películas. Porque, nos guste o no, por desgracia la vida real acostumbra a ser poco generosa con los héroes. Casi siempre los que se arriesgan o se atreven a levantar la voz son los primeros a quienes quitan de en medio.
 


© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2012

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