A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...
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Viejos conocidos. Tour de El silencio de tu nombre V (Sevilla)
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La agenda del martes es todavía más apretada. La primera
visita es a los estudios de RNE en Sevilla, para grabar el programa Historias de papel, con el bueno de
Manuel Pedraz. Manuel Pedraz es uno de los periodistas que lleva entrevistándome
desde hace ocho años, cuando publiqué La clave Pinner. Tengo que decir que desde la primera vez me
trató con el mismo cariño, y que es uno de los periodistas culturales a quienes
más aprecio. Además de por su voz inconfundible y ese acento andaluz del que,
igual que un servidor, se siente orgulloso, sus entrevistas son reconocibles
porque empiezan con el autor leyendo un párrafo de su libro.
Aún no son las once y ya aprieta el calor. Frente al hotel
Colón, y procurando mantener los ojos abiertos sin quedarme ciego, me dejo
retratar por Belén, la fotógrafo de El
diario de Sevilla. Ayer, cuando vi la foto en el periódico, como siempre
reconocí que el esfuerzo mereció la pena: los fotógrafos de prensa suelen hacer
muy bien su trabajo. Carlos Lorenzo, de El diario de Sevilla, y Alejandro Luque, de El correo de Andalucía, me entrevistan al alimón mientras tomamos
un café. Alejandro, un viejo conocido de la prensa, me hace una pregunta, no sé
si off the record, que me interesa
mucho porque se sale de lo habitual estos días: ¿y el Andrés cuentista? ¿Aún sigue
ahí? Yo espero que sí, le dije. Pero el panorama editorial no está para
publicar muchos cuentos. Ya me gustaría.
Vamos corriendo a los estudios de la SER porque hemos de
grabar una entrevista con Nacho Ares para el programa nacional del fin de
semana, y luego andando hasta los estudios de Onda Cero porque tengo que estar
en directo con mis queridos Chema García y Susana Valdés. Ha
llovido mucho desde que empecé a colaborar en Onda Cero, pero nada más entrar Eduardo deja los papeles que está ordenando y viene a darme un
abrazo. Lo mismo me pasa con Nacho y con Ángel Luis. Siempre me he llevado muy
bien con los técnicos de la casa y he de decir que cada vez que cruzo la puerta
de los estudios de Onda Cero es como si estuviera en la mía. Con Chema y con
Susana es como si no me entrevistaran, y por espinoso que sea el tema al final
aparecen las risas. Y está muy bien que sea así. En este enlace podéis escuchar
la entrevista:
María y yo salimos de la radio a toda carrera, y bajo el sol
inmisericorde de la avenida de la Constitución caminamos a paso ligero hasta el hotel Inglaterra
porque tenemos una entrevista con las chicas de la web Sevilla Trendy. Luego vamos a comer, y por fin se acerca Nuria, que
le dará el relevo a María y me acompañará al último encuentro de la tarde en la
librería Beta de la calle Sierpes, para grabar el programa de Giralda TV 27 letras con mi
amigo Cristóbal Cervantes.
Hay unas cuantas personas a las que jamás se me ocurre
darles la mano, sino un abrazo sincero. Cristóbal es una de ellas. Durante
siete años he estado a su lado cada semana en la radio y creo que nos conocemos
los dos tan bien que, cuando me entrevista, aunque yo sé lo que me va a
preguntar y él sabe lo que le voy a responder, todo resulta tan natural que es como
si fuera la primera vez. Cristóbal Cervantes siempre ha sido extremadamente
generoso conmigo. Ya tenía ganas de decirlo públicamente. Y, aunque ya lo haya
dicho alguna vez, no está de más repetirlo.
Otra vez se ha pasado el día volando. Me despido de Nuria en
la puerta de Beta y me alejo del centro buscando la sombra en este maldito
verano que se alarga hasta mediados de octubre.
¿Lo has pasado bien?, me pregunta, al final de la noche. El bar atestado. Una pareja amable nos ha cedido un hueco en la barra. Sólo quería ofrecer la entrada a quien de verdad pudiera disfrutarlo. Tres horas antes, en el taxi, se parte de la risa cuando le digo, medio en broma, o no tanto, que mi último concierto fue el de Spandau Ballet en Sevilla, en 1987. No pensaba ir al de Joaquín Sabina, pero ella fue el martes y tenía otras dos entradas para hoy. Me cuenta que hará todo lo posible por ir también al del sábado. Me admira su voluntad de pasarlo bien, de disfrutar. Me admiran sus ganas de vivir. Sobre todo, confiesa, me va gustar el concierto de hoy porque espero que te guste mucho a ti. Pero no quiero que se sienta como la anfitriona de una fiesta, preocupada porque sus invitados lo pasen bien antes que por disfrutar ella misma. Cruzamos la Puerta del Príncipe, la misma por la que salen a hombros los toreros, y ya tengo los vellos de punta. Nos equivocamos de asiento y para ver l...
Aunque soy combativo por naturaleza y me dejo el pellejo antes de bajar los brazos, a veces me canso. No pasa nada: cierro los ojos, duermo o me encierro en una coraza hasta que vuelvo a salir a pelear. A todo buen boxeador le queda un gran combate dentro, reza una máxima pugilística. Pero a veces me pregunto qué pasará cuando no tenga ganas de pelear, cuando me quede sin fuerzas o ya no merezca la pena. Si hablo de esto con gente de mucha confianza (muy pocas personas, en realidad), suelo decir que me iré a una playa, me desnudaré en la orilla y nadaré mar adentro hasta que me rinda el cansancio. Escribí un cuento hace pocos años donde uno de los personajes hacía justo eso. Los juntaletras acostumbramos a contar las verdades importantes en la ficción. No he publicado esa historia. Todo se andará, espero. Alguna vez, alguna vez tal vez... Pero sé que no será tan fácil. No publicar ese cuento, sino nadar hasta que me fallen las fuerzas, por muy poética que se me antoje esa despedi...
A ver cuándo me regalas tu libro. Es una frase que los escritores estamos acostumbrados a escuchar. No sé mis colegas, pero yo casi nunca regalo un libro mío a quien me la suelta, casi siempre amigos que hace mucho que dejaron de serlo o gente que de pronto parece profesarte un empalagoso cariño repentino aunque antes casi nunca te haya dirigido la palabra. Pero también hay unas cuantas personas a las que nunca consiento que compren un libro mío, y lo primero que hago cuando la editorial me manda unos algunos ejemplares (por cierto, para quien no lo sepa: la editorial no regala los libros al escritor. Se los descuenta en la próxima liquidación. Los que le corresponden a él y todos los que han gastado en la promoción) es dedicarlos, meterlos en un sobre y mandarlo por correo, o incluso llevárselo personalmente a sus casas. Muchas de estas personas tan queridas por mí frecuentan este blog y saben que estoy hablando de ellos. A lo mejor es porque toda mi vida he buscado y comprado los lib...
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