Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

El portero del Ercilla.Tour de El silencio de tu nombre XV (Bilbao)



         Cada vez me siento más cómodo en el ajetreo de la promoción, pero no porque me vaya acostumbrando. Es por el frío. Da gusto salir a la calle con un abrigo y una bufanda. Aunque a veces ha refrescado por la mañana, en Barcelona, Sevilla, Málaga, Córdoba, Granada, Valencia y Murcia he pasado calor. Y a mí el calor me agobia, me atonta, me deja sin fuerzas. Sin embargo el frío me activa, me entran ganas de pasear por la ciudad donde esté desde muy temprano. A Tomás, el portero con uniforme de almirante del hotel Ercilla tampoco parece preocuparle el frío. Le queda un mes para jubilarse, y no sé si por eso se muestra siempre tan contento o es que siempre ha sido así. Por lo que la gente lo aprecia, estoy seguro de que lo segundo.
         Txema me recoge por la mañana y empezamos la peregrinación por estudios de radio y un programa de televisión que vamos a grabar en un restaurante. Entre medias quedamos con algún fotógrafo rezagado que tiene que retratarme para su periódico. Nunca me acostumbro a las sesiones de fotos en plena calle. Te apoyas en una pared o en una farola o te sientas en un escalón y sigues las indicaciones del fotógrafo mientras te apunta con la cámara y la gente pasa por tu lado procurando no estorbar y preguntándose si tu cara debería sonarle.
Luego volvemos al hotel porque también tienen que hacerme unas fotos y hemos quedado con un periodista para una entrevista. Después de comer también tenemos que visitar algún estudio de radio, y por la noche, aunque estoy agotado, no puedo dejar de pasear un largo rato por la ciudad, en silencio: desde el hotel Ercilla hasta la plaza Moyúa, seguir hasta el Guggenheim, cruzar el puente y girar a la derecha buscando la ciudad vieja. Por la tarde he entrado en una librería y he comprado De qué hablo cuando hablo de correr, de Haruki Murakami. Me he dejado en Sevilla los libros que tenía preparados para el viaje, y me aterra la idea de estar sin nada que leer. Pero cuando vuelvo al hotel estoy tan cansado que no puedo mantener los ojos abiertos.

© Andrés Pérez Domínguez, noviembre de 2012








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