Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

El viajero escarmentado. Tour de El silencio de tu nombre XXIII (Santiago de Compostela)



         Llego a Galicia con mucho retraso por culpa de Iberia. Rara vez subo a un avión y no termino lamentándolo. Después de esperar varias horas en Madrid sin que nadie me diga por qué, salen dos empleados de la compañía para decirnos que la bodega del avión no está operativa y que las maletas no pueden viajar con los pasajeros que no hayamos facturado en Madrid. Como yo facturé en Sevilla estoy jodido. De nada me ha servido ser precavido y llegar con tanta antelación, como siempre, porque al final estoy en un apuro. Tampoco me garantizan que mi maleta vaya en el siguiente avión a Santiago. Pero decido quedarme en Barajas unas cuantas horas más y cruzar los dedos para que mi equipaje llegue conmigo a Galicia. En realidad, las horas de espera no me importan porque las distraigo leyendo El río del Edén, la exquisita y última novela de mi querido José María Merino que he de presentar en Sevilla dentro de un par de semanas. Salí de mi casa muy temprano esta mañana, y hasta las siete de la tarde no consigo embarcar para Santiago. Tenía que haber elegido el tren, pero nunca escarmiento. Al menos la maleta ha llegado conmigo. Cuando la estoy recogiendo de la cinta una empleada de Iberia está preguntando mi nombre a los pasajeros. Supongo que estaba en la lista del vuelo anterior y nadie me encuentra.
         Quería haber ido a la presentación de un libro de Pemón Bouzas en Santiago, pero he llegado tarde. Apenas tengo tiempo de ir a cenar algo y acercarme a disfrutar de la sobrecogedora y solitaria belleza de la plaza del Obradoiro. Mañana me espera un día muy largo y muy provechoso, como siempre que vengo a Galicia, pero aún tardo mucho en quedarme dormido porque me entusiasma un documental sobre el gran Miliki en la tele.

         © Andrés Pérez Domínguez, noviembre de 2012


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