Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

El armario de la NBA



Quise haber escrito sobre este asunto la semana pasada, cuando lo leí en un periódico, pero anduve liado con otras cosas y se pasaron los días. Pero no creo que después de una semana la cuestión sea menos interesante o haya perdido el fuelle de la actualidad que Jason Collins, un jugador en activo de la NBA, declare públicamente su homosexualidad. Llegará el día en que esto dejará de ser noticia, ojalá, pero me temo que pasará alguna generación todavía para que no nos llame la atención. Parece que incluso la firma Nike ha ofrecido su apoyo publicitario a cualquier estrella del deporte que esté barajando la idea de salir del armario. El mercado potencial es jugoso, y aunque la razón del ofrecimiento sea mercantilista y no altruista, puede ser un buen incentivo para que otros deportistas se animen y nos vayamos acostumbrando. No será fácil, claro. Yo mismo pertenezco a una generación en la que reírse de los homosexuales o incluso verlos como algo exótico resultaba lo natural. Pero me fui haciendo mayor y me pregunté cuántas humillaciones habrán tenido que soportar, cuántas citas a escondidas y cuántos chistes sin gracia o soeces habrán tenido que celebrar aunque no les hayan hecho ni puñetera gracia.
Si alguien se ha preguntado, como yo, la razón por la que ningún futbolista en activo de la liga española, al menos que yo sepa, haya declarado públicamente su homosexualidad, es que nunca ha ido a un estadio a ver un partido. Hace años, sentado en el Sánchez Pizjuán en un Sevilla Betis, mi amigo José Manuel apuntaba en una frase certera el ambiente de buena parte de la grada: ves los modales de algunos aficionados y es como visitar Atapuerca, me dijo. Se refería a la Atapuerca habitada por los preneandertales, claro. Por mucho que me empeñe no puedo dejar de pensar en el escarnio y la humillación de un futbolista de la liga española (y probablemente de cualquier otra liga) recién salido del armario. Pasaría en cualquier estadio. Imagínenselo, si ahora a quienes no han salido del armario o nunca han estado se les llama maricones nada más empezar a rodar el balón. A pesar todo, me gustaría que algún futbolista tuviera la valentía de salir del armario. No será fácil, pero sí el primer paso para que la gente se acostumbre. Para que todos nos acostumbremos. Seguro que antes o después merecerá la pena. Aunque al primero que golpee el muro le sangren los nudillos, como le decía el dueño de los Red Sox de Boston a Brad Pitt en la espléndida Moneyball.



© Andrés Pérez Domínguez, mayo de 2013

Comentarios

Pakiba ha dicho que…
Ojalá muchos como él den el mismo paso, para que los que ven esto como un pecado o una enfermedad se den cuenta que no es ni una cosa ni la otra, sino una opción humana que no le quita ser una persona como cualquier otra.
Rosa mary ha dicho que…
Tendrás que esperar, aquí el futbol , y los toros ,se considera de hombres muy machos ( aunque si que hay gays )no lo dirán .Buenas noches
Andrés Pérez Domínguez ha dicho que…
Gracias por vuestros comentarios. Abrazos a las dos

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