Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

La costumbre de ganar


Dentro de un par de horas España se va a enfrentar a Brasil en la final de la Copa Confederaciones, que aunque aún no tengo muy claro qué competicón es no pienso perderme el partido. Por lo visto hoy se cumplen cinco años de la victoria de la selección española en la final de la eurocopa en Viena. Parece que cinco años no son muchos, pero si yo miro cuántas cosas me han pasado desde entonces se me antoja una vida, y más me parece estar en lo cierto cuando he visto esta tarde en el telediario a unos niños convencidos de que, como siempre, hoy la selección española de fútbol saldrá victoriosa del enfrentamiento con Brasil. Será porque me hago mayor veo a los chavales en la tele y se me dibuja en la cara una sonrisa escéptica, como si ya, qué más quisiera yo, estuviera de vuelta de todo. Después de los éxitos de los últimos años supongo que lo más fácil para cualquier crío es pensar que somos invencibles y que al final, hagamos lo que hagamos y por muy difíciles que se nos pongan las cosas, acabaremos ganando a cualquier equipo que se nos ponga por delante. Los que ya hemos cumplido los cuarenta, y los que son mucho más jóvenes que yo, seguro habrán sonreído de la misma forma al ver el telediario. Me da que los más viejos también se reían igual hace no muchos años, cuando el dinero parecía brotar de los cajeros automáticos con la misma facilidad inagotable que el agua de una fuente. Los más viejos sabían que eso no era real, y que a lo mejor lo más normal es pasar necesidades y no tener a nadie a quien reclamar cuando se volatiliza el dinero que hemos invertido o no contar siquiera  con una pensión al jubilarse. Quizá todo es un espejismo o acaso nada dura eternamente. Ni la prosperidad, ni los éxitos de la selección de fútbol. Tampoco la crisis o la decepción de no pasar nunca de cuartos de final duran para siempre. Así que aprovechémonos mientras podamos. Si ganamos a Brasil, estupendo, y si no, siempre quedará algún aguafiestas que habrá escrito en su blog que las cosas buenas no responden a un derecho que nadie nos quitará ni las malas un castigo del que no habrá quien sea capaz de librarnos.



Junio de 2013

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Magnífico

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