Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Multiplicar la vida



Sostenía Blaise Pascal que el origen de todos los males del mundo es la incapacidad del hombre de permanecer quieto en una habitación. No sé hasta qué punto resulta cierta esa afirmación, pero estos días la practico por obligación, o casi. Yo soy de los que no les importa estar en casa, en la mía, con mis libros y mis trastos a mano, pero al menos durante un rato cada día necesito moverme, terminar exhausto y empapado después de hacer deporte, o como mínimo dar un paseo o conducir un rato hasta algún lugar donde perderme entre la gente, mirando escaparates de librerías o curioseando en tiendas, como cualquiera. Pero desde hace unas pocas semanas mi rodilla arrastra un problema que no es grave pero sí incómodo y doloroso y, aunque el médico que dice que repose, ya he llegado al punto inquietante en el que sé que prefiero entrenar a pesar de estar lesionado, aunque así tarde más en curarme o no me cure nunca del todo, en lugar de estar esperando sentado sin hacer nada más que leer o ver la tele. Quienes practiquen deporte de una forma intensa y habitual seguro que me entienden. No está mal leer, ver series o películas que tenías aparcadas pero, cuando estás acostumbrado al ejercicio intenso, apenas bastan unos días en reposo para que todo el cuerpo te empiece a doler, añorando una droga insustituible que apenas puedes compensar dando largas caminatas por el campo o pedaleando entre olivos, y ya ni siquiera eso, porque diluvia en el sur de España estos días y lo único que te queda es mirar por la ventana que te separa de la lluvia. Mi rodilla maltrecha y el coche en el taller me tienen enclaustrado estos días. Al menos poder trabajar es el remedio para sostener la cordura y esta mañana he llegado a las trescientas páginas del manuscrito de mi nueva novela. 
Una de las ventajas de este oficio tan extraño es ésa: poder concentrarte en un mundo que no existe y multiplicar la vida.



© Andrés Pérez Domínguez, febrero de 2014





Comentarios

Pakiba ha dicho que…
Tienes que reposar pues a veces por no hacerlo la lesión se complica más(lo digo por experiencia), cuídate mucho y aprovecha tu tiempo para dejarnos otro buen libro.
Andrés Pérez Domínguez ha dicho que…
Muchas gracias, Pakiba. Las ganas de moverme son más fuertes que el miedo a la lesión... En cuanto al libro, estoy en ello. Un abrazo,
Meg ha dicho que…
Cuídate, que no vaya a más, paciencia, mucha paciencia, que aunque te cueste llevar a cabo el reposo, a la larga lo agradecerás. Un abrazo!
Andrés Pérez Domínguez ha dicho que…
Sí, Meg. Eso intento. Pero los que estamos acostumbrados a hacer deporte nos subimos por las paredes cuando estamos quietos... Un abrazo,
Anónimo ha dicho que…
Entiendo el impulso. Pero si te sirve de algo, sé consciente de que si tu lesión no se cura bien, no podrás seguir practicando tu arte marcial por muchos años. Disfruta temporalmente nadando.Desde el punto de vista egoísta, como lectora, quiero a un Andrés escritor que se sienta realizado también en su deporte preferido.
Anónimo ha dicho que…
Ah, que soy Marisa, de Facebook.
Andrés Pérez Domínguez ha dicho que…
Pues sí, por muchas cosas que haga (bicicleta, nadar, correr...) nada como un rato en el tatami, es verdad. Gracias por tu comentario. Un abrazo,

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