Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Ensayos de Paul Auster


De Paul Auster sólo había leído un par de libros: La trilogía de Nueva York y La noche del oráculo. Los leí con agrado, pero si sólo han sido dos no puede decirse que yo forme parte de la legión de admiradores del escritor neoyorquino. No hace mucho compré la hermosa edición que ha publicado Booket de sus ensayos (me gustan mucho las ediciones de bolsillo bien cuidadas, con muchas páginas y letra digna, con el peso suficiente para sentirte acompañado cuando te quedas dormido con el libro abierto sobre el pecho), donde están incluidas obras suyas tan conocidas como A salto de mata o La invención de la soledad. Alguna vez he leído que cuando escriben ficción los novelistas cuentan (contamos) su (nuestra) vida mediante unas claves más o menos ocultas (escribir ficción es hacer streap tease al revés, dijo Vargas Llosa: comienzas desnudo para luego seguir tapándote), pero cuando escriben su biografía suelen mentir. Si hacemos caso a esta teoría, resulta complicado saber si lo que muchas veces cuenta Paul Auster de su vida en estos ensayos sucedió en realidad (las coincidencias, el azar como motor de la vida, tan recurrente en su obra y en su propia existencia, parece) o es el resultado de trufar la imaginación con las vivencias. Pero da lo mismo: sus ensayos son una lección de vida y de Literatura al mismo tiempo. Y es que, después de todo, para un escritor así es como funcionan las cosas: lo que te pasa cada día, la gente que conoces, tu forma de ver el mundo, lo que lees, lo que te cuentan, lo que ves en las películas o lo que sueñas, lo que vives, vaya, acaba salpicando lo que escribes.

Ah, por cierto: me ha gustado enterarme de que Paul Auster también escribe a mano, y con pluma, sus borradores…






© Andrés Pérez Domínguez, marzo de 2014





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