Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Ensayos de Paul Auster


De Paul Auster sólo había leído un par de libros: La trilogía de Nueva York y La noche del oráculo. Los leí con agrado, pero si sólo han sido dos no puede decirse que yo forme parte de la legión de admiradores del escritor neoyorquino. No hace mucho compré la hermosa edición que ha publicado Booket de sus ensayos (me gustan mucho las ediciones de bolsillo bien cuidadas, con muchas páginas y letra digna, con el peso suficiente para sentirte acompañado cuando te quedas dormido con el libro abierto sobre el pecho), donde están incluidas obras suyas tan conocidas como A salto de mata o La invención de la soledad. Alguna vez he leído que cuando escriben ficción los novelistas cuentan (contamos) su (nuestra) vida mediante unas claves más o menos ocultas (escribir ficción es hacer streap tease al revés, dijo Vargas Llosa: comienzas desnudo para luego seguir tapándote), pero cuando escriben su biografía suelen mentir. Si hacemos caso a esta teoría, resulta complicado saber si lo que muchas veces cuenta Paul Auster de su vida en estos ensayos sucedió en realidad (las coincidencias, el azar como motor de la vida, tan recurrente en su obra y en su propia existencia, parece) o es el resultado de trufar la imaginación con las vivencias. Pero da lo mismo: sus ensayos son una lección de vida y de Literatura al mismo tiempo. Y es que, después de todo, para un escritor así es como funcionan las cosas: lo que te pasa cada día, la gente que conoces, tu forma de ver el mundo, lo que lees, lo que te cuentan, lo que ves en las películas o lo que sueñas, lo que vives, vaya, acaba salpicando lo que escribes.

Ah, por cierto: me ha gustado enterarme de que Paul Auster también escribe a mano, y con pluma, sus borradores…






© Andrés Pérez Domínguez, marzo de 2014





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