Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

La vida al otro lado


Ha llovido tanto en el sur estos últimos días que hasta los que abominamos del calor y del verano de una forma que a menudo tiene mucho de tonto elitismo echábamos de menos un cielo azul, limpio y despejado como el de esta tarde interminable de domingo en la que el termómetro anticipa un ficticio verano inminente aunque todavía falten más de dos meses para que empiece el de verdad. Me gustan las nubes y me gusta la lluvia, pero celebro esta tregua sobre todo porque me hace recordar ―me obliga a recordar, debería decir―, que hay algo más allá de las paredes de mi despacho y de las vidas inventadas de otros en las que habito tantas horas cada día, sobre todo cuando estoy arremangado en la última parte de la novela que empecé el verano pasado. Todo se vuelve frenético en esta última etapa del trabajo, quizá todo parece un poco cuesta abajo porque a pesar de llevar tantos meses en la cabeza una historia de la que hasta ahora sólo sabes tú y sólo a ti te pertenece, de pronto el trabajo se antoja un poco más fácil que hace un par de meses y sobre todo mucho más fácil que al principio, cuando creías, como siempre, y ahora te hace tanta gracia, que esta vez no serías capaz de conseguirlo.


© Andrés Pérez Domínguez, abril de 2014

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