Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

La vida al otro lado


Ha llovido tanto en el sur estos últimos días que hasta los que abominamos del calor y del verano de una forma que a menudo tiene mucho de tonto elitismo echábamos de menos un cielo azul, limpio y despejado como el de esta tarde interminable de domingo en la que el termómetro anticipa un ficticio verano inminente aunque todavía falten más de dos meses para que empiece el de verdad. Me gustan las nubes y me gusta la lluvia, pero celebro esta tregua sobre todo porque me hace recordar ―me obliga a recordar, debería decir―, que hay algo más allá de las paredes de mi despacho y de las vidas inventadas de otros en las que habito tantas horas cada día, sobre todo cuando estoy arremangado en la última parte de la novela que empecé el verano pasado. Todo se vuelve frenético en esta última etapa del trabajo, quizá todo parece un poco cuesta abajo porque a pesar de llevar tantos meses en la cabeza una historia de la que hasta ahora sólo sabes tú y sólo a ti te pertenece, de pronto el trabajo se antoja un poco más fácil que hace un par de meses y sobre todo mucho más fácil que al principio, cuando creías, como siempre, y ahora te hace tanta gracia, que esta vez no serías capaz de conseguirlo.


© Andrés Pérez Domínguez, abril de 2014

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