Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Lo verde empieza en los Pirineos


Consternado ando desde ayer porque me he enterado de que sólo el dos por ciento de la francesas de menos de treinta y cinco años practica top less. Destetarse en la playa o en la piscina ha caído en desuso en nuestros vecinos del norte porque quedarse sin la parte de arriba ahora es un acto poco femenino y propio de mujeres con ganas de llamar la atención por una causa noble; porque supone una sumisión a los deseos masculinos ―los hombres, siempre tan ansiosos por mirar tetas...―; o porque con las cámaras integradas en los teléfonos y las redes sociales cualquiera que se ponga a dorarse al sol corre el riesgo de acabar siendo el objeto del deseo de algún pervertido en en Facebook o Twitter. Ya decía yo que esto de las cámaras en los teléfonos móviles y las redes sociales al final nos iban a cambiar la vida para peor...
Con la crisis los españoles ahora viajan menos al extranjero, pero, bien mirado, no tiene por qué ser una desventaja, porque parece que de momento las mujeres de aquí no se apuntan a esta epidemia púdica que ha empezado en Francia. Ya no nos queda París, ni la Costa azul, pero aún tenemos las playas de Cádiz o de Almería.
No se antojan tan lejanos aquellos años en los que habitantes de la España casposa cruzaban la frontera para disfrutar de los sugerentes usos de la mantequilla en ciertas partes del cuerpo de Maria Schneider y, lo que es la vida, para contemplar a una mujer desnuda tostándose al sol habrá que volver a cruzar los Pirineos, aunque mirando al sur esta vez.


© Andrés Pérez Domínguez, julio de 2014

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