A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...
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La isla mínima
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Salto felizmente estas semanas de un estreno
español a otro. Después de ver El niño, incluso antes de ir a verla, me
picaba la curiosidad por la nueva película de Alberto Rodríguez. Aun sin
quererlo, no podía evitar compararlas anticipadamente, puesto que eran dos
historias de policías que suceden en Andalucía. Localismos aparte, de los que
no soy amigo, es de celebrar que un par de películas cuyas tramas suceden al sur de
Despeñaperros hayan suscitado tanta expectación. Salí de la proyección de El
niñoencantado, con el orgullo castizo que uno siente cuando un español te
demuestra que aquí se puede hacer lo mismo que al otro lado del océano con la
décima parte de dinero y el triple de talento. Pero me mosqueaba un poco que el
listón estuviera demasiado alto y cuando fuese a ver La isla mínima no fuera igual. Me equivoqué.
Anoche, cuando aparecieron los créditos, tenía la
sensación de haber disfrutado una obra maestra. Ya sé que mi calificación podrá parecer excesiva a más de uno, pero no soy crítico ni me apetece
serlo (los lectores de esta bitácora lo saben): me basta con transmitir alguna
vez a quienes se asoman por aquí la emoción que me provocan algunas películas y
ciertos libros.
La isla mínima, con sus silencios y claroscuros me dejó
clavado en el asiento como hace mucho que no me dejaba una película. Fantástico
Javier Gutiérrez como el policía de la vieja escuela. Fantástico el personaje
también. No puedes sino, a pesar de todo, encariñarte con él. Fantástica, muy
sólida, la trama, el ambiente sórdido de la marisma sevillana hace treinta y cuatro
años. Impresionan las imágenes aéreas desde el plano inicial.
Contaba el otro día
Carlos Boyero que Alberto Rodríguez tenía que responder con resignación en el festival de San Sebastián
cuando más de uno pegaba la hebra para recordarle el parecido entre la exitosa
serie True detective y su película. Resulta imposible, por desgracia, y
con la serie de la HBO tan reciente (dos policías de personalidades opuestas,
pantanos, el sur y niñas asesinadas) no compararlas. El director sevillano no
ha visto los episodios creados por Nick Pizzolato. Yo sí, y los disfruté.
Pero aparte de la sorprendente y meritoria interpretación de Matthew
Mcconaughey (y no nos olvidemos de lo bien que está Woody Harrelson), la
atmósfera y ciertos diálogos, a ratos la historia me pareció forzada. No se
trata de hacer patria o de que la tierra donde me he criado me condicione (soy sevillano, pero ni siquiera conozco al director de La isla mínima), y comparar no es lo que
prefiero (y en este post lo he hecho ya dos veces), pero como no he sido
el primero ni seré el último en relacionarlas, sólo puedo decir que, si hay que
poner en una balanza a True detective(que, insisto, me gustó mucho) y a
La isla mínima, el fiel se inclina, sin dudarlo, hacia el lado de la
película de Alberto Rodríguez.
Hola que tal ,por supuesto que fui a verla ,y me gusto mucho .Y viendo la película me acorde de un caso que ocurrió hace años ( no se a ti ) las niñas de alcase .Creo que se escribe así ,. Buenas noches
Personalmente creo que La isla mínima está a años luz de "True detective". No digo que no sea una buena película pero en mi opinión no pasa de ahí. Comparar la química entre los distintos personajes (no hablo sólo de los protagonistas) de una y otra llega a ser en algunos casos sonrojante. Creo que La isla mínima cuenta con un buen guión, una más que notable fotografía, pero una dirección que en ciertos momentos merma la credibilidad de los personajes, sobre todo del señor Arévalo.
Me parece muy bien, estimado anónimo. La vida sería muy aburrida si todos pensáramos igual. Mi opinión, como ha podido leer, es bien distinta. Gracias por opinar
Por aquí dejo esta reseña que apareció en la web LETRAS. La firma Francisco Vélez Nieto, a quien aprovecho para saludar y dar las gracias desde aquí.
Y, por cierto, antes de que nadie empiece a pensar mal. No conozco de nada a Francisco Vélez Nieto, nunca nos han presentado ni, que yo sepa, tenemos intereses comunes. Y lo mismo me sucede con la mayoría de los críticos que hablan de mis libros. Esto viene a cuento por varios comentarios que cierta gente malitencionada ha dejado en la entrada de un blog donde han reseñado El violinista de Mauthausen . Vale que me tiren piedras a mí, y si alguien piensa que el libro no merecía siquiera haber sido publicado, pues estupendo, cada uno tiene su opinión, y si a un crítico no le gusta mi trabajo no tengo nada que objetar. Pero los malos modales siempre me han incomodado (en la calle, al volante, en la barra de un bar o por escrito) y que se roce el insulto con la gente que lee mis libros no lo puedo tolerar, y tampoco que se lance una sombr...
(Este artículo está escrito en versión "traducida" más abajo, por si alguien no lo entiende bien. Monze, yo también zoy andalú Hoy no te hablo a ti, Crihtoba, zino a Monzerrá Nebrera. Bueno, Monze, zupongo que pa lohamigo, porque azín ze llama en zu bló. Vamoh a veh, Monze, miarma, cómo te lohplico paquementiendah bien. Rezurta que yo también zoy andalú, y aunque no me guhta ni er rosío, ni la zemana zanta ni la feria hay una coza que rivindico con orgullo ca ve que voy Dehpeñaperro arriba, y eh mi asento, fíhate. A mí me guhta hablá en andalú, y aunque podría hablá zin asento zi me lo propuziera, pa mí zería una impohtura tan ehtúpida como zi hablaze en otridioma, como zi lisiera en inglé o en alemán, por sierto, Montze, que ezoh doh idiomah a pezá dabehme criao en Zevilla tambié loh hablo, y zobre tó el inglé zin ningún rahtro de asento andalú, quería mía. Ya te digo, Montze, que entre encorzertarme cuando hablo en cahtellano pa que tú mentienda o hablá er mihmo andalú qu...
Pues ya no hay vuelta atrás. El libro se está distribuyendo, y me espera una gira promocional que me va a llevar por unas cuantas ciudades españolas. También nos vamos dentro de poco con una veintena de periodistas a Austria, para hacer algunos reportajes en el campo de exterminio de Mauthausen. Vienen diarios, suplementos dominicales, revistas, televisiones... Da un poco de vértigo pensarlo, pero bueno, no se me ocurre otra forma mejor de que los lectores se enteren de que El violinista de Mauthausen ya está aquí. Pero todo eso vendrá después. Lo primero, y como no podía ser de otra forma, será la puesta de largo en Sevilla. El próximo miércoles, 4 de noviembre, a las 12,30 h estaremos en el Ateneo (c/ Orfila, 7, Sevilla), presentando El violinista de Mauthausen y Amerika , la novela de Lorenzo Luengo ganadora del Ateneo Joven. Luego habrá una copa. Es una rueda de prensa, pero puede asistir todo el que quiera. Allí estaremos.
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