A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...
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La isla mínima
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Salto felizmente estas semanas de un estreno
español a otro. Después de ver El niño, incluso antes de ir a verla, me
picaba la curiosidad por la nueva película de Alberto Rodríguez. Aun sin
quererlo, no podía evitar compararlas anticipadamente, puesto que eran dos
historias de policías que suceden en Andalucía. Localismos aparte, de los que
no soy amigo, es de celebrar que un par de películas cuyas tramas suceden al sur de
Despeñaperros hayan suscitado tanta expectación. Salí de la proyección de El
niñoencantado, con el orgullo castizo que uno siente cuando un español te
demuestra que aquí se puede hacer lo mismo que al otro lado del océano con la
décima parte de dinero y el triple de talento. Pero me mosqueaba un poco que el
listón estuviera demasiado alto y cuando fuese a ver La isla mínima no fuera igual. Me equivoqué.
Anoche, cuando aparecieron los créditos, tenía la
sensación de haber disfrutado una obra maestra. Ya sé que mi calificación podrá parecer excesiva a más de uno, pero no soy crítico ni me apetece
serlo (los lectores de esta bitácora lo saben): me basta con transmitir alguna
vez a quienes se asoman por aquí la emoción que me provocan algunas películas y
ciertos libros.
La isla mínima, con sus silencios y claroscuros me dejó
clavado en el asiento como hace mucho que no me dejaba una película. Fantástico
Javier Gutiérrez como el policía de la vieja escuela. Fantástico el personaje
también. No puedes sino, a pesar de todo, encariñarte con él. Fantástica, muy
sólida, la trama, el ambiente sórdido de la marisma sevillana hace treinta y cuatro
años. Impresionan las imágenes aéreas desde el plano inicial.
Contaba el otro día
Carlos Boyero que Alberto Rodríguez tenía que responder con resignación en el festival de San Sebastián
cuando más de uno pegaba la hebra para recordarle el parecido entre la exitosa
serie True detective y su película. Resulta imposible, por desgracia, y
con la serie de la HBO tan reciente (dos policías de personalidades opuestas,
pantanos, el sur y niñas asesinadas) no compararlas. El director sevillano no
ha visto los episodios creados por Nick Pizzolato. Yo sí, y los disfruté.
Pero aparte de la sorprendente y meritoria interpretación de Matthew
Mcconaughey (y no nos olvidemos de lo bien que está Woody Harrelson), la
atmósfera y ciertos diálogos, a ratos la historia me pareció forzada. No se
trata de hacer patria o de que la tierra donde me he criado me condicione (soy sevillano, pero ni siquiera conozco al director de La isla mínima), y comparar no es lo que
prefiero (y en este post lo he hecho ya dos veces), pero como no he sido
el primero ni seré el último en relacionarlas, sólo puedo decir que, si hay que
poner en una balanza a True detective(que, insisto, me gustó mucho) y a
La isla mínima, el fiel se inclina, sin dudarlo, hacia el lado de la
película de Alberto Rodríguez.
Hola que tal ,por supuesto que fui a verla ,y me gusto mucho .Y viendo la película me acorde de un caso que ocurrió hace años ( no se a ti ) las niñas de alcase .Creo que se escribe así ,. Buenas noches
Personalmente creo que La isla mínima está a años luz de "True detective". No digo que no sea una buena película pero en mi opinión no pasa de ahí. Comparar la química entre los distintos personajes (no hablo sólo de los protagonistas) de una y otra llega a ser en algunos casos sonrojante. Creo que La isla mínima cuenta con un buen guión, una más que notable fotografía, pero una dirección que en ciertos momentos merma la credibilidad de los personajes, sobre todo del señor Arévalo.
Me parece muy bien, estimado anónimo. La vida sería muy aburrida si todos pensáramos igual. Mi opinión, como ha podido leer, es bien distinta. Gracias por opinar
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Aunque soy combativo por naturaleza y me dejo el pellejo antes de bajar los brazos, a veces me canso. No pasa nada: cierro los ojos, duermo o me encierro en una coraza hasta que vuelvo a salir a pelear. A todo buen boxeador le queda un gran combate dentro, reza una máxima pugilística. Pero a veces me pregunto qué pasará cuando no tenga ganas de pelear, cuando me quede sin fuerzas o ya no merezca la pena. Si hablo de esto con gente de mucha confianza (muy pocas personas, en realidad), suelo decir que me iré a una playa, me desnudaré en la orilla y nadaré mar adentro hasta que me rinda el cansancio. Escribí un cuento hace pocos años donde uno de los personajes hacía justo eso. Los juntaletras acostumbramos a contar las verdades importantes en la ficción. No he publicado esa historia. Todo se andará, espero. Alguna vez, alguna vez tal vez... Pero sé que no será tan fácil. No publicar ese cuento, sino nadar hasta que me fallen las fuerzas, por muy poética que se me antoje esa despedi...
A ver cuándo me regalas tu libro. Es una frase que los escritores estamos acostumbrados a escuchar. No sé mis colegas, pero yo casi nunca regalo un libro mío a quien me la suelta, casi siempre amigos que hace mucho que dejaron de serlo o gente que de pronto parece profesarte un empalagoso cariño repentino aunque antes casi nunca te haya dirigido la palabra. Pero también hay unas cuantas personas a las que nunca consiento que compren un libro mío, y lo primero que hago cuando la editorial me manda unos algunos ejemplares (por cierto, para quien no lo sepa: la editorial no regala los libros al escritor. Se los descuenta en la próxima liquidación. Los que le corresponden a él y todos los que han gastado en la promoción) es dedicarlos, meterlos en un sobre y mandarlo por correo, o incluso llevárselo personalmente a sus casas. Muchas de estas personas tan queridas por mí frecuentan este blog y saben que estoy hablando de ellos. A lo mejor es porque toda mi vida he buscado y comprado los lib...
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