Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Bond, James Bond


No he leído ninguna de las novelas que escribió Ian Fleming, pero he visto casi todas las películas de James Bond. Tal vez el cinéfilo que llevo dentro sea capaz de disfrutar con otros estímulos con los que el lector de colmillo retorcido arruga la nariz. Suena un poco cursi, ya lo sé, o elitista. Así que dejémonos de tonterías: me gustan mucho las películas del 007 porque tienen lo que uno espera de ellas (a menudo más), y si tengo un hueco antes de emprender un largo viaje, me sentaré en un cine a ver Spectre. Solo o acompañado. Tanto da. La anterior, Skyfall, que también dirigió San Mendes, a mi cinéfilo entender, con ese punto de oscuridad que se amplifica de forma trágica en la parte final, es una de las mejores películas del agente secreto británico. Daniel Craig ha dicho que ésta habrá sido la última vez que vestirá el traje del 007, y ya se apuntan los nombres de Idris Elba, Tom Hardy o Henry Cavill. Un Bond negro (Elba) sería una apuesta original y moderna, ¿por qué no?; a Tom Hardy no acabo de verlo en el papel; y no sé si Henry Cavill acabaría esquizofrénico de tanto cambiarse las mallas de Supermán por el esmoquin del espía del Martini con vodka (mezclado, no agitado...). Bromas aparte, cualquiera de ellos, u otro que sea el elegido, dará la talla. Recuerdo hace una década las críticas a Daniel Craig (bajito, poco glamuroso...), pero desde Sean Connery no he visto a un James Bond más creíble y carismático, con ese punto atormentado que tanto me gusta. Por cierto: ¿no se le ha ocurrido a nadie alguna vez proponerle a Connery el papel de villano? Cada vez que se prepara una nueva del 007 me pregunto si no será esta vez. Y me parece que ya no va a suceder, por desgracia.


© Andrés Pérez Domínguez, noviembre de 2015 

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