A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...
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Qué grande es Spielberg
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Una de
las preguntas que los periodistas o los lectores acostumbran a
formularte cuando te ganas los garbanzos pergeñando historias es cuáles
son los elementos que debe tener una novela para llegar a la gente. Eso es
imposible saberlo, respondo (si hubiera una respuesta todos los libros
serían best sellers), pero yo creo que una novela ha de
apoyarse en tres pilares: estar bien escrita, una cuestión moral sobre la que reflexionar
y ser entretenida. Parece fácil, ¿verdad? Pues no: conseguirlo resulta mucho
más complicado de lo que parece y tal vez esté al alcance de sólo unos pocos.
El cine
que me gusta ha de contener básicamente lo mismo: una buena historia, algo
sobre lo que reflexionar y, si es posible, entretenimiento. Además
de buenas interpretaciones, fotografía, música, y todos
los aderezos que se le puedan añadir, por supuesto. Desde hace muchos
años, pocos directores me obligan a revolverme en la butaca como Steven
Spielberg: Tiburón, La lista de Schindler, Minority
report, Múnich o la última suya que he visto, El
puente de los espías. No me gustan todas sus películas, claro que no, y
estas cinco son mis favoritas. Avizoro que El puente de los espías
no será de las más taquilleras de Spielberg, pero qué importa. Tampoco
las espléndidas Minority report o Múnich lo son.
Basta la presentación de los dos personajes principales (el espía pintor y el
abogado incansable) para necesitar un babero,
la dura crítica a la propagandaantisoviética durante la Guerra
Fría o el pragmatismo tenebroso de la CIA (por más que
algunos se empeñen en criticar una mirada simplista que se resume en rusos
malos y norteamericanos buenos), o un solo plano del atribulado pero decididoTom Hanks (para hablar de este monstruo necesitaría otro post) en el Berlín
donde se acaba de levantar el muro.
Ya sé que
las Navidades son las fiestas más propicias para ir a ver la última de La
Guerra de las galaxias. Nada que objetar, pero no os perdáis El
puente de los espías: tiene todo lo que decía más arriba que le pido a
una película: algo que contar, es entretenida, y una cuestión moral
sobre la que reflexionar, mucho más compleja de lo que ya se adivina en cuanto
empiezas a escarbar.
¿Lo has pasado bien?, me pregunta, al final de la noche. El bar atestado. Una pareja amable nos ha cedido un hueco en la barra. Sólo quería ofrecer la entrada a quien de verdad pudiera disfrutarlo. Tres horas antes, en el taxi, se parte de la risa cuando le digo, medio en broma, o no tanto, que mi último concierto fue el de Spandau Ballet en Sevilla, en 1987. No pensaba ir al de Joaquín Sabina, pero ella fue el martes y tenía otras dos entradas para hoy. Me cuenta que hará todo lo posible por ir también al del sábado. Me admira su voluntad de pasarlo bien, de disfrutar. Me admiran sus ganas de vivir. Sobre todo, confiesa, me va gustar el concierto de hoy porque espero que te guste mucho a ti. Pero no quiero que se sienta como la anfitriona de una fiesta, preocupada porque sus invitados lo pasen bien antes que por disfrutar ella misma. Cruzamos la Puerta del Príncipe, la misma por la que salen a hombros los toreros, y ya tengo los vellos de punta. Nos equivocamos de asiento y para ver l...
Aunque soy combativo por naturaleza y me dejo el pellejo antes de bajar los brazos, a veces me canso. No pasa nada: cierro los ojos, duermo o me encierro en una coraza hasta que vuelvo a salir a pelear. A todo buen boxeador le queda un gran combate dentro, reza una máxima pugilística. Pero a veces me pregunto qué pasará cuando no tenga ganas de pelear, cuando me quede sin fuerzas o ya no merezca la pena. Si hablo de esto con gente de mucha confianza (muy pocas personas, en realidad), suelo decir que me iré a una playa, me desnudaré en la orilla y nadaré mar adentro hasta que me rinda el cansancio. Escribí un cuento hace pocos años donde uno de los personajes hacía justo eso. Los juntaletras acostumbramos a contar las verdades importantes en la ficción. No he publicado esa historia. Todo se andará, espero. Alguna vez, alguna vez tal vez... Pero sé que no será tan fácil. No publicar ese cuento, sino nadar hasta que me fallen las fuerzas, por muy poética que se me antoje esa despedi...
A ver cuándo me regalas tu libro. Es una frase que los escritores estamos acostumbrados a escuchar. No sé mis colegas, pero yo casi nunca regalo un libro mío a quien me la suelta, casi siempre amigos que hace mucho que dejaron de serlo o gente que de pronto parece profesarte un empalagoso cariño repentino aunque antes casi nunca te haya dirigido la palabra. Pero también hay unas cuantas personas a las que nunca consiento que compren un libro mío, y lo primero que hago cuando la editorial me manda unos algunos ejemplares (por cierto, para quien no lo sepa: la editorial no regala los libros al escritor. Se los descuenta en la próxima liquidación. Los que le corresponden a él y todos los que han gastado en la promoción) es dedicarlos, meterlos en un sobre y mandarlo por correo, o incluso llevárselo personalmente a sus casas. Muchas de estas personas tan queridas por mí frecuentan este blog y saben que estoy hablando de ellos. A lo mejor es porque toda mi vida he buscado y comprado los lib...
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