Lo que abrigan mis colores

Imagen
A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

François Cluzet


Tal vez lo he visto en alguna película antes, pero no lo recuerdo. Diré entonces que la primera vez que supe de la existencia de François Cluzet fue en la estupenda versión francesa de la novela del norteamericano Harlan Coben, No se lo digas a nadie. Las siguientes fueron Pequeñas mentiras sin importancia, Intocable, Rencontrar el amor y En solitario.  Será porque yo a este tipo me lo creo en en cualquier personaje, el sábado, zapeando para esquivar el fútbol y los debates televisivos de los que cada vez estoy más cansado, solté al mando sin pensarlo al conectar la 2 porque empezaba otra película suya: Crónica de una mentira. Me lo creo siempre, decía, aunque no me gusten todas sus películas, y Reencontrar el amor e Intocable no me agradan tanto como las otras. Pero da gusto verlo. Da igual que sea un médico desquiciado por la desaparición de su mujer (No se lo digas a nadie), el adinerado y neurótico líder ―o es lo que él se cree― de un grupo de amigos de vacaciones (Pequeñas mentiras sin importancia), un millonario tetrapléjico (Intocable), el padre y esposo atormentado porque está deseando ser infiel a su mujer con Sophie Marceau ―que levante la mano el hombre al que no le gustaría seducir a Sophie Marceau― (Reencontrar el amor), el participante en una regata para dar la vuelta al mundo (En solitario) o el estafador que descubre que puede salvar a los demás y de paso salvarse a sí mismo (Crónica de una mentira).
Es un placer verlo en cualquiera de ellas. No digan ustedes que no les he dado opciones para elegir...

© Andrés Pérez Domínguez, febrero de 2016


Comentarios

Entradas populares de este blog

Una hermosa y apasionada historia de amor

Monze, yo también zoy andalú

Presentación en Sevilla