Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

François Cluzet


Tal vez lo he visto en alguna película antes, pero no lo recuerdo. Diré entonces que la primera vez que supe de la existencia de François Cluzet fue en la estupenda versión francesa de la novela del norteamericano Harlan Coben, No se lo digas a nadie. Las siguientes fueron Pequeñas mentiras sin importancia, Intocable, Rencontrar el amor y En solitario.  Será porque yo a este tipo me lo creo en en cualquier personaje, el sábado, zapeando para esquivar el fútbol y los debates televisivos de los que cada vez estoy más cansado, solté al mando sin pensarlo al conectar la 2 porque empezaba otra película suya: Crónica de una mentira. Me lo creo siempre, decía, aunque no me gusten todas sus películas, y Reencontrar el amor e Intocable no me agradan tanto como las otras. Pero da gusto verlo. Da igual que sea un médico desquiciado por la desaparición de su mujer (No se lo digas a nadie), el adinerado y neurótico líder ―o es lo que él se cree― de un grupo de amigos de vacaciones (Pequeñas mentiras sin importancia), un millonario tetrapléjico (Intocable), el padre y esposo atormentado porque está deseando ser infiel a su mujer con Sophie Marceau ―que levante la mano el hombre al que no le gustaría seducir a Sophie Marceau― (Reencontrar el amor), el participante en una regata para dar la vuelta al mundo (En solitario) o el estafador que descubre que puede salvar a los demás y de paso salvarse a sí mismo (Crónica de una mentira).
Es un placer verlo en cualquiera de ellas. No digan ustedes que no les he dado opciones para elegir...

© Andrés Pérez Domínguez, febrero de 2016


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