Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Granada Noir



   Las reuniones donde se juntan varios escritores a menudo se parecen a una competición ridícula en la que, el que más y el que menos, intenta demostrar que es el más gracioso, al que agasajan con más ofertas de traducciones o adaptaciones cinematográficas de sus obras, el que más liga o el que la tiene más larga, vaya. Por haber padecido esa sensación incómoda alguna vez, he desarrollado una tendencia natural a declinar participar en la mayoría de los saraos a los que me invitan, y he de confesar, y no me da vergüenza confesarlo, que muchas veces estoy equivocado. Cuando en mayo pasado estuve en Granada, Jesús Lens y Gustavo Gómez me invitaron a volver en otoño para participar en la segunda edición de Granada Noir. 
Hay un par de razones por las que, a pesar de lo que apuntaba más arriba, acepté: la primera, porque de niño me enseñaron que hay que ser agradecido con quien se ha portado bien contigo, y Jesús Lens se había tomado la molestia de zamparse Los dioses cansados y presentármelo en Granada y, aunque te pueda gustar una novela o la obra de un autor, a veces, y por diferentes razones, presentar un libro resulta una carga insufrible; la segunda, porque Granada es una de las ciudades más hermosas que conozco, y no creo que nadie que camine de noche por el Paseo de los Tristes ―a un lado el Albaicín y al otro la Alhambra― tenga los arrestos de afirmar que no ha merecido la pena visitarla.


Acercaos por Granada Noir hoy, si os pilla cerca, o empezad a organizaros para hacerlo el año que viene. Os aseguro que merece la pena, que no es una competición entre escritores para ver quien es el que la tiene más larga, sino una reunión de amigos.

Le auguro un futuro espléndido a este festival granadino.

Ojalá vuelvan a invitarme.

© Andrés Pérez Domínguez, octubre de 2016

Comentarios

Alfonso Martin Erro ha dicho que…
Has hecho bien aceptando la invitación. Granada bien vale el esfuerzo.

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