Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Un viejo cascarrabias




Voy camino de acabar siendo un viejo cascarrabias. No puedo hacer nada por evitarlo. Me molestan los ruidos, el bullicio, los lugares multitudinarios, las caravanas para ir a la playa y cada vez tengo menos paciencia con los cantamañanas. Pero, para ser sincero, de jovencito también me molestaban estas cosas. Aunque no recuerdo bien si antes me incomodaban tanto las prisas; la urgencia que los demás quieren transmitirte, quiero decir. Será cosa de estos tiempos (sí, ya lo sé: es la frase típica de un gruñón amargado y anticuado, pero lo avisé en la primera frase): todo tiene que ser inmediato, cuanto antes, para ayer si puede ser. Lo del atentado en Barcelona hace dos días es una muestra triste (y preocupante para un futuro viejo misántropo) de la puñetera urgencia por contarlo todo y por saberlo todo. Para enterarse de lo que está pasando basta tener un móvil y conectarse a las redes sociales donde miles de personas, con mejor o peor criterio, estarán encantadas de informar. Todo sucede tan rápido (los acontecimientos, la información), que los medios de comunicación, para no quedarse atrás, también se contagian de esas prisas y recogen lo que dicen las redes, lo acertado y lo desacertado, lo interesante y el humo. Conducía la otra noche mientras escuchaba en la radio las diferentes versiones de lo que había pasado: después del atropello, dos terroristas se habían atrincherado en un bar con rehenes, el conductor de la furgoneta había aparecido muerto en un coche que se saltó un control, pero resulta que luego el conductor era otro y había muerto en un tiroteo posterior... Hasta el propio jefe de los mossos ha tenido que desmentir varios de estos bulos. No hagáis mucho caso a lo que oigáis sobre el atentado todavía, les dije a unas personas durante una cena esa noche. Es que lo han dicho en la tele, replicaron, como si a estas alturas los medios de comunicación fueran un canal infalible. Algunos periodistas también se contagian de las prisas y vocean noticias sin contrastarlas. Echo de menos los tiempos en los que, cuando pasaba algo, la única forma de informarte era corriendo la mañana siguiente al kiosko para comprar un periódico. Pero es que, y es la cuarta vez que lo digo, voy camino de ser un viejo cascarrabias.

 


© Andrés Pérez Domínguez, agosto de 2017

Comentarios

rafael fajardo gonzalez ha dicho que…
Llevas razón , la prisa por la exclusiva, es lo que vende , el morbo también y el alarmismo. Esta noche si ir mas lejos han difundido una noticia , hasta en cadenas de televisión donde informaban de un grave tiroteo en Nimes (Francia). Al final no era tan real. Y lo pero es que le estamos haciendo el juego a los terroristas, creando y aumentando el terror.
Andrés Pérez Domínguez ha dicho que…
Así es, Rafael: y no he mencionado a tanto tonto indocumentado que ha paseado su mala baba y su ignorancia estos días por las redes sociales aprovechando lo que ha pasado.

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