Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

El día de mañana



Me siento delante de la tele a ver El día de mañana con el prurito de curiosidad y la aprensión inevitable de haber leído la espléndida novela de la que procede. Antes estaba muy al día de lo que se estrenaba. Ahora, no sé si porque cumplo años o por la saturación de oferta, presto menos atención. No tenía ni idea de que se había rodado una serie a partir de la novela de Ignacio Martínez de Pisón. La historia de Justo Gil, ese inmigrante que llega a Barcelona en los sesenta y para sobrevivir acaba convirtiéndose en confidente de la policía, merecía una película, o mejor, una serie, ese formato tan de moda ahora pero que no siempre está a la altura de las expectativas. No es éste el caso, desde luego. No sé si los seis episodios que ha dirigido Mariano Barroso recibirán la atención y el reconocimiento que deberían, pero El día de mañana es una de esas series que veo y me falta tiempo para recomendar: ya lo he hecho con unos cuantos amigos que sé que la disfrutarán y la valorarán.
Confieso que la cara del protagonista sólo me sonaba de alguna aparición episódica en películas recientes. Oriol Pla ha sido un enorme descubrimiento. No resulta sencillo crear a un personaje así y que los lectores acaben tomándole cariño. Tampoco creo que mantener ese equilibrio interpretativo sea menos difícil. A Aura Garrido ya la conocía, no me sorprende, y lo mismo digo de Karra Elejalde. No se pierdan a ese comisario fascista que sacude la pantalla cada vez que abre la boca. Pero, de todos, me quedo con el trabajo de Jesús Carroza: dicen que a los buenos actores se los reconoce por la mirada, y aquí este policía de cerrado acento andaluz les gana la partida a todos. Quizá porque estaba acostumbrado a verlo en otros registros (el impagable amigo de Jesús Castro en El Niño, sin ir más lejos), me ha dejado tan descolocado como rendido a su talento.




© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2018

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