Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

El día de mañana



Me siento delante de la tele a ver El día de mañana con el prurito de curiosidad y la aprensión inevitable de haber leído la espléndida novela de la que procede. Antes estaba muy al día de lo que se estrenaba. Ahora, no sé si porque cumplo años o por la saturación de oferta, presto menos atención. No tenía ni idea de que se había rodado una serie a partir de la novela de Ignacio Martínez de Pisón. La historia de Justo Gil, ese inmigrante que llega a Barcelona en los sesenta y para sobrevivir acaba convirtiéndose en confidente de la policía, merecía una película, o mejor, una serie, ese formato tan de moda ahora pero que no siempre está a la altura de las expectativas. No es éste el caso, desde luego. No sé si los seis episodios que ha dirigido Mariano Barroso recibirán la atención y el reconocimiento que deberían, pero El día de mañana es una de esas series que veo y me falta tiempo para recomendar: ya lo he hecho con unos cuantos amigos que sé que la disfrutarán y la valorarán.
Confieso que la cara del protagonista sólo me sonaba de alguna aparición episódica en películas recientes. Oriol Pla ha sido un enorme descubrimiento. No resulta sencillo crear a un personaje así y que los lectores acaben tomándole cariño. Tampoco creo que mantener ese equilibrio interpretativo sea menos difícil. A Aura Garrido ya la conocía, no me sorprende, y lo mismo digo de Karra Elejalde. No se pierdan a ese comisario fascista que sacude la pantalla cada vez que abre la boca. Pero, de todos, me quedo con el trabajo de Jesús Carroza: dicen que a los buenos actores se los reconoce por la mirada, y aquí este policía de cerrado acento andaluz les gana la partida a todos. Quizá porque estaba acostumbrado a verlo en otros registros (el impagable amigo de Jesús Castro en El Niño, sin ir más lejos), me ha dejado tan descolocado como rendido a su talento.




© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2018

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