Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

El fin del invierno


Tranquilos, que no voy a reventar la trama (lo de spoiler se lo dejo a los modernos). Esta madrugada emiten el último episodio de Juego de Tronos. No soy de los que se da un atracón de series, como me consta que lo hace mucha gente; a lo sumo un capítulo al día cuando ya se ha emitido la temporada. Incluso si tengo pendientes de ver varias temporadas de una serie que me gusta, suelo espaciarlas durante semanas, o meses, incluso a veces me olvido de ellas. En esta última temporada de Juego de Tronos no me han dejado: resultaba imposible conectarse a las redes sociales o encender la radio sin que contasen algún detalle del último episodio emitido, con intención de revelar una sorpresa o sin ella; pero bastaba cualquier comentario para insinuar momentos que estropearían el visionado limpio de prejuicios y de información con el que me gusta sentarme en mi sillón favorito frente a la tele. Mañana tengo que pasar el día de entrevista en entrevista. A ver si consigo taparme los oídos o cambiar de tema cuando alguien inevitablemente hable sobre el final de Juego de Tronos. Con suerte, con mucha suerte, por la noche habré llegado a casa sin ninguna información incómoda. Aunque, en realidad, tampoco pasaría nada: a estas alturas, el final de Juego de Tronos no es importante. Lo importante ya ha pasado: han sido ocho años de emoción impagable. No me ha gustado todo, pero me ha gustado casi todo. Ayer especulaba con unos amigos sobre el final de la serie. Cada uno tenía una teoría y la defendía con emoción. Hablábamos de los personajes como si fueran reales, Jon Nieve o Tyrion Lannister se nos antojaban más cercanos que mucha gente de carne y hueso. Me sigue fascinando, como cuando era un niño, la forma en que la ficción, lo que ha salido de la imaginación de alguien, puede calar tan hondo en el corazón de la gente.

© Andrés Pérez Domínguez, mayo de 2019

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