Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Orgullo gay


Cada vez que se acerca el Día del Orgullo Gay se soliviantan los ánimos casposos. Muchas de las conversaciones estos días aparecen salpicadas de frases así: “Yo soy heterosexual y no salgo a celebrarlo a la calle”; o: “A mí no me parece mal que los maricones existan mientras no me molesten”. La mayoría de los varones de mi generación hemos sido educados en la homofobia, y cuesta hacernos entender que si hubiéramos tenido que esconder nuestra condición sexual o ser el blanco de las bromas crueles de los compañeros del colegio, incluso ser encarcelados, tal vez nos gustaría salir a la calle a reivindicar lo que debería ser normal. No es obligatorio celebrarlo, y entiendo que no a todos los homosexuales les apetezca desfilar con un tanga o como consideren, pero tampoco debería ofender a nadie. La homofobia, aunque sea microhomofobia, está en nuestra educación: las bromas y los chistes sobre mariquitas nos salen solos, no necesariamente con mala intención, pero me parece un gran avance de la sociedad cuando veo pasear a dos personas del mismo sexo cogidas de la mano, hacerse carantoñas sin tener que esconderse. Más de un amigo me mira raro cuando le digo lo que pienso sobre esto. Pero perder amigos forma parte de la vida, y tener canas en la barba, y ganar otros amigos.



© Andrés Pérez Domínguez, julio de 2019

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