Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Felicidad impostada

 



Del verano me gustan muchas cosas, pero, de las que más, las fotos de los famosos en las redes sociales. Sobre todo las de los futbolistas. Entre las muchas ventajas de tocar el balón con soltura se encuentra la de disfrutar las vacaciones antes que la mayoría. Al fin y al cabo, la pretemporada empieza a mitad del verano, o antes. Yates, playas recónditas, coches de lujo, tatuajes, relojes de dudoso gusto y mujeres siliconadas. Pero mejor ser justo: a veces no hay yates ni relojes hortera o mujeres siliconadas (para gustos, colores, por supuesto), pero los balompédicos comparten la misma obsesión que el resto, aunque nunca nos haya tirado mucho el fútbol: me refiero a la obsesión de enseñar a los demás nuestra felicidad.
    Soy de los que disfrutan compartiendo con los amigos las cosas buenas que me pasan. Pero en realidad no tengo tantos amigos y me basta con que cinco o seis personas se enteren de las noticias positivas. Me consta su alegría. Son exactamente las mismas personas con las que comparto las penas, que también las hay. Como en la vida de cualquiera. 

No basta ser feliz, sino parecerlo. O, peor: lo de menos es ser feliz, lo importante es mostrar a los demás que lo eres. Pero a menudo basta un tinto de verano en un vaso recién sacado del congelador. Un paseo por el campo al amanecer. El primer café del día con el perro sentado al lado, los dos en silencio, mirando el horizonte. Una cena sabrosa, una buena compañía. O estar solo si te da la gana, con la ventana abierta cuando sopla el viento de poniente que a veces trae el olor del mar. Una buena película, dejarte vencer por el sueño con un libraco de mil páginas abierto sobre el pecho. El zumbido del ventilador recordando las noches estivales cuando eras un niño y los veranos eran tan largos que terminabas deseando volver a clase. Momentos impagables que quizá no consigan muchos likes en Instagram. Ni puñetera falta que hace.

 

© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2022

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