Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

La distancia


 


Sostenía un amigo de la adolescencia que en invierno se duchaba con agua fría y en verano con agua caliente. Siempre me pareció un argumento esnob propio de esas edades. Todo es empezar a afeitarte y buscar la forma de diferenciarte, por disparatada que sea. No eludo mi responsabilidad. También fui adolescente y todavía hoy, pasado el medio siglo, a veces me da vergüenza comportarme y sentirmecomo tal. No sé si se trata de falta de madurez, pero en los asuntos que tienen que ver con la temperatura soy más clásico: en verano me gusta el agua fría y en invierno caliente. Supongo que por ser de letras con la climatización me pasa lo mismo: veintisiete grados en verano me parece calefacción y diecinueve en invierno se me antoja aire acondicionado. 

Sin duda gobernar es o debería sermirar por el bien común y ser capaz de tomar decisiones difíciles con la suficiente distancia para ser ecuánime. El problema empieza cuando la necesaria distancia empieza a a parecerse demasiado a la ignorancia. Es lo que tiene la comodidad de un despacho en Madrid. A poco que te descuides recomiendas sobre la temperatura a la que debemos poner el aire acondicionado sin pasar una tarde en el valle del Guadalquivir o se te ocurre alguna extravagancia para arreglar los problemas del campo y de los pueblos cuando tu experiencia campestre se reduce a los árboles del Retiro a o un fin de semana de turismo rural. 

 Hasta el verano pasado incluso algunos días esteprocuraba apañarme con un ventilador y la penumbra, pero en la buhardilla donde ahora mismo tecleo este artículo no podría estar sentado si no tuviera el aire acondicionado a dieciocho grados si el mando me permitiera bajarlo todavía más lo haría, palabray el chorro de un ventilador con agua fría refrescándome la espalda. Y sin corbata, claro. 

Hace mucho que no hablo con ese amigo que disfrutaba de las duchas calientes en verano. Si sigue con esa manía está de enhorabuena: el agua sale tan caliente de las tuberías que podrá disfrutarla cuanto quiera sin gastar energía eléctrica.

 

© Andrés Pérez Domínguez, agosto de 2022

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