La distancia
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Sostenía un amigo de la adolescencia que en invierno se duchaba con agua fría y en verano con agua caliente. Siempre me pareció un argumento esnob propio de esas edades. Todo es empezar a afeitarte y buscar la forma de diferenciarte, por disparatada que sea. No eludo mi responsabilidad. También fui adolescente y todavía hoy, pasado el medio siglo, a veces me da vergüenza comportarme ―y sentirme―como tal. No sé si se trata de falta de madurez, pero en los asuntos que tienen que ver con la temperatura soy más clásico: en verano me gusta el agua fría y en invierno caliente. Supongo que por ser de letras con la climatización me pasa lo mismo: veintisiete grados en verano me parece calefacción y diecinueve en invierno se me antoja aire acondicionado.
Sin duda gobernar es ―o debería ser―mirar por el bien común y ser capaz de tomar decisiones difíciles con la suficiente distancia para ser ecuánime. El problema empieza cuando la necesaria distancia empieza a a parecerse demasiado a la ignorancia. Es lo que tiene la comodidad de un despacho en Madrid. A poco que te descuides recomiendas sobre la temperatura a la que debemos poner el aire acondicionado sin pasar una tarde en el valle del Guadalquivir o se te ocurre alguna extravagancia para arreglar los problemas del campo y de los pueblos cuando tu experiencia campestre se reduce a los árboles del Retiro a o un fin de semana de turismo rural.
Hasta el verano pasado ―incluso algunos días este―procuraba apañarme con un ventilador y la penumbra, pero en la buhardilla donde ahora mismo tecleo este artículo no podría estar sentado si no tuviera el aire acondicionado a dieciocho grados ―si el mando me permitiera bajarlo todavía más lo haría, palabra―y el chorro de un ventilador con agua fría refrescándome la espalda. Y sin corbata, claro.
Hace mucho que no hablo con ese amigo que disfrutaba de las duchas calientes en verano. Si sigue con esa manía está de enhorabuena: el agua sale tan caliente de las tuberías que podrá disfrutarla cuanto quiera sin gastar energía eléctrica.
© Andrés Pérez Domínguez, agosto de 2022
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