Lo que abrigan mis colores

Imagen
A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Joaquín Sabina


A Joaquín Sabina le están lloviendo palos por arriba, por abajo y por los lados. Al parecer ha cometido dos pecados dignos de excomunión: romper con su colega de siempre, Pancho Varona, y proclamar que su ideología zurda ya no es tan intensa como antes. Presumo que a muchos les da igual lo primero pero encuentran una excusa para atacar al cantante por lo segundo. Yo ya no lo escucho con el entusiasmo de antes (uno cambia con los años y también la forma en que se emociona), pero Sabina me ha hecho tan feliz que la cara se me amuebla con una sonrisa cada vez que suena una canción suya en la radio. Lo descubrí de adolescente, cuando aún no era tan conocido. Me daba igual que fuera de izquierdas, de derechas o mediopensionista. Era un genio que ponía palabras a mis sentimientos. Compraba sus discos y aprendía sus letras. No sé cuántas, tantos años después, sigo sabiendo de memoria y las canto cuando la vida aprieta y el único remedio es conducir sin rumbo.

Hace muchos años, durante la Semana Negra de Gijón, un puñado de escritores nos fuimos uniendo a la mesa del bar del hotel donde Sabina charlaba animada y despreocupadamente con Paco Taibo. La voz rota, ausencia de pelos en la lengua y de pudor. Genio y figura. Algún colega subió a la habitación para buscar un libro y regalárselo. Otros le pidieron hacerse una foto con él, o las dos cosas: regalo del libro dedicado, con la esperanza de que el cantante lo leyese y acaso también lo recomendase, y el trofeo en forma de foto. Por suerte aún no existían las redes sociales. Yo no fui a buscar La clave Pinner (ese año optaba a uno de los premios que terminó ganando mi apreciado Paco Pérez Gandul con Celda 211). Tampoco me hice una foto con el cantante. Ni siquiera hablé con él. Odio molestar. Ya he dicho antes lo que opino de la efusividad y de la admiración. Prefiero observar en silencio. Así pasé un par de horas, por lo menos: mirando callado.

Ahora que mucha gente (alguna con mucha prisa para bailar el agua a sus seguidores en las redes sociales) le afea a Sabina tantas cosas de las que antes parecía no percatarse, tengo aún más anclada la convicción de poner en cuarentena las declaraciones grandilocuentes. Disimulo bien, pero la reacción más primaria que me provocan un “Siempre te voy a querer” o “Eres mi mejor amigo” es el alzamiento escéptico de una ceja. Agradezco la buena voluntad de semejantes muestras de cariño, pero mi certeza de la imposibilidad que expresan es más intensa que la sinceridad de quien me las regala. Con la admiración me sucede lo mismo: me agrada ser admirado, claro, a quién no; pero la admiración tiene un lado oscuro o, mejor, un reverso tenebroso (a quienes vimos de niños La guerra de las galaxias, Star wars nos parece cosa de esnobs). Pocas veces alguien que te admira revela su desprecio de una forma más evidente que cuando se siente decepcionado.

Quizá la admiración no sea más que una forma civilizada de envidia.

 

 © Andrés Pérez Domínguez, noviembre de 2022


Comentarios

Entradas populares de este blog

Una hermosa y apasionada historia de amor

Monze, yo también zoy andalú

Presentación en Sevilla