Lo que abrigan mis colores

Imagen
A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Stan Lee centenario


Cualquiera que haya leído una novela mía se habrá percatado de que los protagonistas suelen ser tipos razonablemente atormentados. En realidad, no sólo los protagonistas. Más de una vez me han preguntado si ese sufrimiento se debe a algún reflejo inconsciente de mi personalidad. Quién sabe. Pero seguro que también se debe a cuando, de muy niño, apenas había aprendido a leer, me aficioné a los tebeos. Mi héroe favorito era un tipo solitario, valiente y triste, que a finales del siglo XV se ocultaba bajo un antifaz mientras intentaba redimirse. No debió de pasar mucho tiempo hasta que me hice amigo de un trepamuros enmascarado en busca de redención. Hace poco cumplí un sueño infantil dibujándome entre los dos. Luego fui añadiendo a otros viejos amigos. Cuando todavía no podía soñar con escribir ya leía tebeos y dibujaba. Rebasado el medio siglo sigo dibujando y leyendo tebeos. No es mala forma de seguir siendo un niño, vaya. 

Todo esto viene a cuento porque hoy cumpliría cien años Stan Lee, el creador de buena parte de los tipos que me acompañan en el dibujo. Mandé hacer un póster y lo tengo aquí, en mi estudio, mientras tecleo. No podría decir cuántos buenos ratos le debo a Stan Lee, a Manuel Gago, a Víctor Mora, a Bob Kane, a Jerry Siegel… Si acaso habría deseado dedicarme a inventar historias sin haber leído las suyas. Muchos me tacharán de sacrílego, otros alzarán la ceja, desdeñosos, pero alguno de los tipos que me acompañan en este dibujo me ha procurado tanta felicidad como los héroes que habitan en novelas veneradas durante generaciones.

 

© Andrés Pérez Domínguez, diciembre de 2022

Comentarios

Entradas populares de este blog

Una hermosa y apasionada historia de amor

Monze, yo también zoy andalú

Presentación en Sevilla