Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Stan Lee centenario


Cualquiera que haya leído una novela mía se habrá percatado de que los protagonistas suelen ser tipos razonablemente atormentados. En realidad, no sólo los protagonistas. Más de una vez me han preguntado si ese sufrimiento se debe a algún reflejo inconsciente de mi personalidad. Quién sabe. Pero seguro que también se debe a cuando, de muy niño, apenas había aprendido a leer, me aficioné a los tebeos. Mi héroe favorito era un tipo solitario, valiente y triste, que a finales del siglo XV se ocultaba bajo un antifaz mientras intentaba redimirse. No debió de pasar mucho tiempo hasta que me hice amigo de un trepamuros enmascarado en busca de redención. Hace poco cumplí un sueño infantil dibujándome entre los dos. Luego fui añadiendo a otros viejos amigos. Cuando todavía no podía soñar con escribir ya leía tebeos y dibujaba. Rebasado el medio siglo sigo dibujando y leyendo tebeos. No es mala forma de seguir siendo un niño, vaya. 

Todo esto viene a cuento porque hoy cumpliría cien años Stan Lee, el creador de buena parte de los tipos que me acompañan en el dibujo. Mandé hacer un póster y lo tengo aquí, en mi estudio, mientras tecleo. No podría decir cuántos buenos ratos le debo a Stan Lee, a Manuel Gago, a Víctor Mora, a Bob Kane, a Jerry Siegel… Si acaso habría deseado dedicarme a inventar historias sin haber leído las suyas. Muchos me tacharán de sacrílego, otros alzarán la ceja, desdeñosos, pero alguno de los tipos que me acompañan en este dibujo me ha procurado tanta felicidad como los héroes que habitan en novelas veneradas durante generaciones.

 

© Andrés Pérez Domínguez, diciembre de 2022

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