Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Insultadme con gracia


 

Hace tiempo, al presentarme a una subordinada, un editor estirado quiso hacerse el gracioso: “Ez andalú, ¿no vez cómo habla?”. No hay nadie más antipático que un andaluz al que le tocan las pelotas, creedme. Con una sonrisa helada le expliqué que el acento andaluz tiene una variada y rica gama de matices y que si para imitarme recurría al ceceo debía de ser por su pésimo oído. Lo de la poca gracia es otro asunto, añadí.

No se trata de defender lo indefendible, pero si alguien piensa que por ser andaluz me voy a poner a bailar sevillanas o a contar chistes me sale el misántropo que llevo dentro y me siento más cerca de Harry el Sucio cuando quiere que le alegren el día que del Chiquito de la Calzada. El Rocío me parece una manifestación insoportable, la feria el lugar perfecto para maltratar las cuerdas vocales; y de la Semana Santa me quedo con el olor a incienso y la belleza artística, a poder ser de lejos. Pero no le voy a sonreír a nadie que piense que antes de subir al AVE he entrado a tientas en el establo para ordeñar a la vaca y poder desayunar y luego me he desplazado hasta la estación a lomos de un burro, atento a cada risco por si tengo la mala suerte de encontrarme con un pariente de Curro Jiménez. 

Por exagerado que parezca, todo lo contado más arriba he tenido que soltárselo alguna vez a un listillo para pararle los pies. Si embargo, aunque entiendo y respeto a quienes se sienten ofendidos, no me ha molestado la mofa de TV3 a la Virgen del Rocío. La libertad de expresión está, o debería estar, por encima de la sensibilidad. Otra cosa es el indudable mal gusto y el escaso salero de los presentadores catalanes. Porque, en realidad, se trata de gracia. La gracia es un talento natural. Se tiene o no se tiene. Basta poner el oído en los carnavales de Cádiz, vaya. Si alguien quiere hacerse el gracioso, hasta insultar lo admito, que lo haga, valga la redundancia, con gracia.


© Andrés Pérez Domínguez, abril de 2023

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