La utilidad de lo inútil
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Entre las muchas lecturas caniculares disfruto especialmente el opúsculo de Nuccio Ordine cuyo título he robado para este artículo. El italiano era una de esas personas de entusiasmo contagioso, me recuerda a Ray Bradbury, a quien la muerte se ha llevado antes de poder recoger el Premio Princesa de Asturias que le iban a entregar este año.
Antes de leer el libro de Ordine le había dado muchas vueltas al significado del título, a todo lo que encierra, tan sencillo y tan complejo. Tan cierto y tan contundente para quienes nos empeñamos en gastar la vida enfrentándonos a molinos de viento. Me educaron en el utilitarismo: lo que hagas en la vida ha de estar enfocado a una finalidad práctica, vaya. Lo valoro, y doy fe de que resulta útil, valga la redundancia, pero también me da que he sido un mal alumno, porque mi tendencia, me temo, es dedicar mucho esfuerzo a aventuras cuyo resultado nunca puedo controlar. Pero al mismo tiempo me procuran un enorme placer: leer, escribir, dibujar, investigar cuanto me despierte la curiosidad (y casi todo me la despierta), aprender…
Estos días he conseguido resolver el nudo de un cuento que no avanzaba. Nada grave. Se trataba de una cuestión técnica. Me paro a pensar y llevaba con esta historia desde finales del verano pasado. No voy a recurrir a ese argumento esgrimido por algunos escritores cuando sostienen que han estado trabajando durante varios años en un relato de diez páginas. Además de pretenciosa, tal afirmación suele ser falsa. No he pasado un año entero trabajando como un picapedrero cada día para parir un cuento. Lo he dejado reposar durante un año porque la vida apretaba por otro lado, porque no me apetecía escribir, porque no tenía prisa o, simplemente, porque me ha dado la gana. Pero jamás he dejado sin terminar una historia empezada, y me temo que eso no va a cambiar. Por eso me acuerdo tanto estos días del libro de Nuccio Ordine: La utilidad de lo inútil. Tengo una colección de cuentos inédita y este formará parte de otra. No sé cuándo se publicará. Si se publicará siquiera. Siempre, a pesar de los premios con que han sido bendecidos, me ha costado mucho hacer llegar los cuentos a mis lectores. Sin embargo, de la creación literaria es el formato breve el que más disfruto. Donde más exploro, arriesgo, experimento, suelto lastres y quizá esté lo más íntimo, aunque casi nadie pueda verlo. Ya lo dijo Vargas Llosa, cito de memoria, por tanto no es literal, pero el mensaje es este: escribir es como hacer estriptís al revés; empiezas desnudo y te vas cubriendo con diferentes capas.
El disfrute de la creación novelística es distinta, más pausado, sobre todo por la extensión. Tengo varios proyectos, alguno empezado, sin meterme de lleno en ninguno, por diversas razones que me reservo. Pero seguiré emborronando páginas. El placer de lo inútil sigue siendo mayor que el pragmatismo.
© Andrés Pérez Domínguez, agosto de 2023
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