Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

La sociedad de la nieve

 

¿Por qué quieres ver esa película?, me pregunta una persona muy querida. Sabes la historia, sabes el final. No es la primera película que se rueda sobre el accidente del avión uruguayo en los Andes. Precisamente por eso, respondo. Porque siento una enorme curiosidad por lo nuevo que me quieran contar sobre aquello. Porque me lo cuenten de otra forma quizá. Vi la película de Frank Marshall hace muchos años. Hay otra anterior que no he visto. Todas las historias están contadas, me temo. ¿Qué nos queda entonces? El punto de vista. La forma de contarlas. Es como la vida: todo es distinto según quien lo mire.
Donde otros han puesto el acento en la aventura, Juan Antonio Bayona ha parido una hermosa historia intimista. Es bueno mirar atrás, escarbar en el pasado, porque, como dice la voz en off  del narrador al principio de La sociedad de la nieve, el pasado siempre cambia. Quizá sea esa la frase que resuma mejor la película, la que justifique su rodaje, la que consiga que volvamos a mirar una historia ya sabida. Nunca es igual cuando recuerdas. Y eso no sólo vale para La sociedad de la nieve. Vale para todo.
 Dicho esto, no os la perdáis. Es una película estupenda.

 
© Andrés Pérez Domínguez, enero de 2024 

 

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