Oye, chaval

Imagen
A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Ni edad de merecer


 

A Joe Biden le baila la memoria. Nada extraño, ni sorprendente, en un hombre de ochenta y dos años, confundir al presidente egipcio con el mexicano, o a Macron con Miterrand. Podía haber sido peor, o más divertido, si por aquello de la rima y lo de francés lo hubiese llamado Napoleón. Hasta Joaquin Phoenix podría haber dicho, puestos a rizar el rizo. Trump sólo tiene cuatro años menos pero se refiere a Biden con la condescendencia de quien se sabe ganador y se siente superior. Vladimir Putin sonríe como un tiburón que avizora un barco yéndose a pique mientras sostiene que con Trump las cosas irían mucho mejor. No estoy seguro de para quién, o sí, pero no quiero desviarme. De Carles Puigdemont de momento no ha dicho nada, no sé si por prudencia o porque, con la que está cayendo en el mundo, que los rusos quieran pescar en el río revuelto de la independencia de Cataluña debe de parecerle un asunto menor. Y quizá lo sea. No lo es tanto, un asunto menor, el de la edad, digo: Putin tiene diez años menos que Biden y seis menos que Trump. Si el presidente norteamericano amenaza con presentarse a la reelección a pesar de sus lapsus y el expresidente babea por volver a tuitear al amanecer desde la Casa Blanca para que temblemos todos o sintamos alipori, no es de extrañar que el ruso aventure convertirse en el próximo líder del mundo. Ya veremos si será un mundo libre o no. Parece que en estos tiempos líquidos la adolescencia a menudo llega hasta los treinta y cinco, la juventud hasta los sesenta y cinco y a partir de aquí nadie quiere ser un viejo: todos prestos a enfundarse en mallas coloridas y a teñirse el pelo, para mimetizarse con los nietos. Bueno, todos no: quedan ancianos dignos que no manejan smartphones ni puñetera falta que les hace, ni se hacen fotos mirando a la cámara con gestos ridículos para alimentar las historias de Instagram de sus descendientes. Es bueno darse cuenta, como canta el maestro Sabina, de cuando a uno se le pasa la edad de merecer. 

Me acuerdo de la filosofía, filosofía de la buena, la que predicaban quienes vestían toga o llevaban un sombrero de tres picos. La que resulta útil para entender lo que te pasa, para entender el mundo. Tan buena como la que todavía por fortuna siguen mostrando algunas personas muy lúcidas. Lecturas que disfruto tanto. Pero eso lo dejaremos para otro día. 

 

© Andrés Pérez Domínguez, febrero de 2024

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Hola y adiós

Nadar hasta que pueda

Regalo ejemplares de El factor Einstein