Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Junio



 

            Junio es mi segundo mes favorito del año. Mi preferido es diciembre. Pero eso ya lo saben quienes me conocen. Es curioso no ser dado a los extremos y preferir los meses en los que comienzan el verano y el invierno a la primavera o al otoño. Tal vez es porque no soy de medias tintas. Prefiero, como dice alguien en una película que no viene al caso, que si sí o que si no. Quizá no sea sino una manía, o una preferencia tan legítima como la que tengo por las camisas azul marino, los pantalones vaqueros, las mujeres que no se maquillan mucho, las mujeres guapas, las mujeres inteligentes, las mujeres con sentido del humor: las mujeres; el silencio, el café en taza grande, la carne muy poco hecha, los sabores fuertes, el pan tostado y la leche muy fría cuando los fantasmas me roban el sueño. Podría decir que me gustan junio y diciembre por premonitorios o por la inevitable nostalgia de la infancia: el segundo anticipa la Navidad, el primero el verano. Pero las fiestas me empiezan a pesar tras la Nochebuena y el verano siempre se me hace demasiado largo. Supongo que disfruto más preparando que haciendo, más pensando que ejecutando, o quién sabe si me ocurre como a ese futbolista de un cuento de Javier Marías que, tras regatear a todos los defensas y al portero, le gustaba mantener en vilo a los aficionados deteniendo el balón un momento en la línea de gol antes de estrellarlo en la red. Siempre pensé que lo hacía porque una vez resuelto lo más difícil, llegar él solo hasta la portería contraria, marcar o no resultaba irrelevante. Lo importante es parar el tiempo (En el tiempo indeciso, se titula ese cuento), en la línea de gol, en los primeros días de diciembre cuando todo parece posible, en la paz sobrecogedora de una playa cuando empieza junio. 

 

 


© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2024 

 

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