Una de romanos
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Debe de ser un problema mío, porque los avances que vi de la segunda parte de Gladiator
sólo me arrancaron bostezos. Vale, está Denzel Washington, sí. Es un actor inmenso, pero eso ya lo sabemos. También lo es Anthony Hopkins y cuando lo veo en el piel de Vespasiano tengo la sensación de que está haciendo de sí mismo. Y eso es mucho, vaya. Ni siquiera la presencia del solvente Pedro Pascal me empuja a ver Gladiator II. Yo qué sé. Ya la pondrán en la tele, lo mismo me da por verla y tengo que comerme este post.
A Ridley Scott le tengo ley. No siempre, pero a menudo. Cada vez que ponen en la tele su Robin Hood me quedo a verla hasta el final. Pídemelo bien, le dice el arquero a Lady Marian. Sí, Russell Crowe a Kate Blanchett. ¡A Kate Blanchett! Y, sí, lo he escrito bien: pídemelo bien. Algunos amigos cinéfilos se han pensado retirarme la palabra porque no me deja boquiabierto la atmósfera opresiva de Blade Runner (tampoco he sido capaz de ver la segunda), y mira que venero a Philip K. Dick, pero su novela tampoco me vuelve loco.
A lo que iba: zapeando la otra noche me encontré con La teniente O´Neil. No pretendo ser un snob, pero me gusta mucho más el título original, G. I. Jane. La había visto cuando la estrenaron. No me entusiasmó. Pero ahora me la zampé de un tirón y me gustó mucho más de lo que recordaba. A lo mejor entonces Ridley Scott no quería ser Ridley Scott, puede ser. Pero sobre todo yo no soy el mismo. Y esa híper musculada e híper sensual Demi Moore con la boca ensangrentada y el cráneo rapado gritándole a Viggo Mortensen que le coma la merienda (a mi pesar me abstengo de reproducir la frase literalmente porque la Inquisición acecha y me han cerrado la cuenta más de una vez por cosas menos graves) me alegró la noche.
Lo siento por los gladiadores.
Pero ya lo he dicho, tres veces van con esta, ya no soy el mismo, esto es: me voy haciendo mayor y conviene centrarse en lo esencial.
Sí, habéis acertado: me refiero a la frase de Demi Moore.
© Andrés Pérez Domínguez, noviembre de 2024
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