Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Una de romanos

 


Puede parecer ventajista porque las críticas no están siendo buenas, pero Gladiator II me despierta el mismo interés que el proceso de apareamiento de los percebes. Aunque ahora que lo escribo, y valga como refuerzo de la afirmación anterior, no tengo ni puñetera idea de si  los percebes se aparean y tal vez me ponga a buscar información. Lo mismo sale algo interesante de ahí. Lo conté por alguna parte, ahora no me apetece buscar dónde, pero de la serie de romanos con Anthony Hopkins sólo fui capaz de ver el primer episodio, y en dos o tres veces. Sin embargo, la primera de Gladiator me gustó, y aún más las dos temporadas de la serie Roma de HBO. 
Por cierto, para quien no lo sepa: Gladiator la iba a protagonizar Mel Gibson, pero el proyecto se fue retrasando y se le pasó el arroz. Menos que se dieron prisa con Russell Crowe. Unos años más tarde habría sido más creíble que él se comiera a los tigres en el circo.

Debe de ser un problema mío, porque los avances que vi de la segunda parte de Gladiator 
sólo me arrancaron bostezos. Vale, está Denzel Washington, sí. Es un actor inmenso, pero eso ya lo sabemos. También lo es Anthony Hopkins y cuando lo veo en el piel de Vespasiano tengo la sensación de que está haciendo de sí mismo. Y eso es mucho, vaya. Ni siquiera la presencia del solvente Pedro Pascal me empuja a ver Gladiator II. Yo qué sé. Ya la pondrán en la tele, lo mismo me da por verla y tengo que comerme este post. 

A Ridley Scott le tengo ley. No siempre, pero a menudo. Cada vez que ponen en la tele su Robin Hood me quedo a verla hasta el final. Pídemelo bien, le dice el arquero a Lady Marian. Sí, Russell Crowe a Kate Blanchett. ¡A Kate Blanchett! Y, sí, lo he escrito bien: pídemelo bien. Algunos amigos cinéfilos se han pensado retirarme la palabra porque no me deja boquiabierto la atmósfera opresiva de Blade Runner (tampoco he sido capaz de ver la segunda), y mira que venero a Philip K. Dick, pero su novela tampoco me vuelve loco.

A lo que iba: zapeando la otra noche me encontré con La teniente O´Neil. No pretendo ser un snob, pero me gusta mucho más el título original, G. I. Jane. La había visto cuando la estrenaron. No me entusiasmó. Pero ahora me la zampé de un tirón y me gustó mucho más de lo que recordaba. A lo mejor entonces Ridley Scott no quería ser Ridley Scott, puede ser. Pero sobre todo yo no soy el mismo. Y esa híper musculada e híper sensual Demi Moore con la boca ensangrentada y el cráneo rapado gritándole a Viggo Mortensen que le coma la merienda (a mi pesar me abstengo de reproducir la frase literalmente porque la Inquisición acecha y me han cerrado la cuenta más de una vez por cosas menos graves) me alegró la noche.

Lo siento por los gladiadores. 

Pero ya lo he dicho, tres veces van con esta, ya no soy el mismo, esto es: me voy haciendo mayor y conviene centrarse en lo esencial. 

Sí, habéis acertado: me refiero a la frase de Demi Moore.

 

 

© Andrés Pérez Domínguez, noviembre de 2024 

 

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