Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

David Lynch




 

 

La prensa y las redes sociales rebosan de panegíricos tras el fallecimiento de David Lynch y no sé si sentirme raro, rebelde o culpable porque sus películas nunca me han entusiasmado. Cuando murió Steve Jobs me sucedió algo parecido porque siempre había usado Windows y jamás había tenido un iphone.

No vi Twin Peaks cuando tocaba. Las cadenas privadas al principio no llegaban a todos sitios. La gente hablaba con devoción de una tal Laura Palmer, pero nunca supe quién era, ni qué le pasó, y el caso es que me importaba tan poco que cuando pude ver la serie ya no quise. No dudo de genio de David Lynch, pero con algunas películas y algunos libros sucede como con ciertas personas: llegan a tu vida en un momento inoportuno. A veces existen segundas oportunidades y a veces no. Lo cierto es que no suelen gustarme las películas muy raras. Tal vez soy más de garbanzos, como decía Rafael Azcona. Repaso la filmografía del cineasta y me quedo con El hombre elefante y con Una historia verdadera. Del resto, algunas no me han gustado o ni siquiera las he visto. Lo de Dune es extraño: me encanta la ciencia ficción pero nunca me atrajo la versión de David Lynch. Y con la de Villeneuve no fui capaz de sujetar los párpados tras los primeros quince minutos.  

Si hago caso a tantos amigos que se confiesan rendidos ante el cine de David Lynch, es posible que me pierda algo muy grande. Confieso que sigo siendo fiel a Android, aunque bastó encender mi primer Mac y leer el espléndido libro de Walter Isaacson sobre Steve Jobs para cambiar de religión. Me temo que con las películas es distinto. Creo que  ya estoy mayor para segundas oportunidades cinematográficas. 

Quizá tenga que ver con los garbanzos. 

Los sigo prefiriendo.

 

© Andrés Pérez Domínguez, enero  de 2025 

 

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