Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Bendita rutina

Si la mejor improvisación resulta de una preparación concienzuda, tal vez la mejor aventura sea la que se cuela por los agujeros de la rutina.  La vida es un puñetero caos o bendito, dependeal que nos empeñamos en dar sentido. Aún más quienes nos dedicamos a jugar a imaginemos. Quizá la rutina sea una forma engañosa de convencernos sobre el control de lo que nos pasa, pero qué más da. Son muy pocas las cosas que podemos controlar, casi nada lo que depende de nosotros. Los estoicos se han puesto de moda, pero sería bueno leerlos de verdad, y tal vez entenderlos y aprender, en lugar de usar memes resultones de las redes sociales como mantras. Estamos en la era del Superpop 2.0.

La rutina, decía, que no quiero desviarme. No es mal asunto llevar cierto orden, aunque luego los problemas te empujen a un rincón del cuadrilátero. Empiezo a recuperar mi rutina, o lo que viene a ser lo mismo: recuperar mi vida. O lo procuro. Pero, como en las buenas historias, se presentan complicaciones. También, como en las buenas historias, las complicaciones enriquecen la trama, son más entretenidas así. En realidad, lo que acabo de decir es otra forma de dar sentido al caos. Otra forma inútil, quizá. Pocas cosas más molestas que la fiebre en verano, tiritar, sentir frío en los huesos a cuarenta grados y mal dormir. Un resfriado veraniego te recuerda que eres mortal. Qué tontería, como si no lo supieras. Pero te levantas y le dices a ese dragón que te mira de mala manera: “Hoy no, hoy no, hoy no…”. Y te obligas a seguir la rutina de siempre, a intentar poner algo de orden después de este mes y medio tempestuoso. Y lo que queda.

El mismo bar, muy temprano. Una cazadora ligera a pesar de que es verano. El cuaderno abierto.

Y escribes.

Pues eso.

 

© Andrés Pérez Domínguez, julio de 2025

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