Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Cansancio


 


Tengo ganas de sentir frío, de ese que corta la cara y sólo puedes quitarte al entrar en un café, pedir una taza de chocolate caliente y agarrarla bien fuerte para volver a sentir los dedos. Pero me conformo con una brisa fresca por la mañana y no tener que buscar una mesa dentro del bar porque todavía no son las nueve y en la terraza no se puede estar. Hace poco enchufé un ventilador y hasta cuatro días después no supe que también había conectado el brasero de una mesa de camilla que tengo arrumbada. Sólo noté que hacía más calor del habitual. Se dio cuenta alguien que vino a casa. Se llevó las manos a la cabeza, no sé si con más indignación que preocupación. Quién sabe cuánto habrían tardado en aparecer las llamas, en arder los libros (si no sabéis a qué temperatura arde el papel, leed a Ray Bradbury), en quemarse mi carne de haberme pillado ahí. 

Por esto, y también por otras muchas cosas que me reservo, sé que llevo mucho cansancio acumulado. Sobre todo de mí mismo, me temo. Os diría que me despido hasta septiembre, pero no me gusta faltar a mi palabra. Sé que antes o después se me ocurrirá algo, o me indignará algo, o me sorprenderá o me alegrará y os lo querré contar; o dibujaré. Lo compartiré aun a riesgo de ser preterido, pero eso forma parte del juego. No sé por qué soy escritor, afirmaba Milán Kundera, sólo sé que de pequeño era muy mentiroso. No es mi caso, lo de mentiroso, quiero decir.

Pues eso: puede que vuelva pronto, puede que no. Pero ya he guardado el brasero en un rincón del armario, lejos de los enchufes.

 

© Andrés Pérez Domínguez, julio de 2025

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