Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Cansancio


 


Tengo ganas de sentir frío, de ese que corta la cara y sólo puedes quitarte al entrar en un café, pedir una taza de chocolate caliente y agarrarla bien fuerte para volver a sentir los dedos. Pero me conformo con una brisa fresca por la mañana y no tener que buscar una mesa dentro del bar porque todavía no son las nueve y en la terraza no se puede estar. Hace poco enchufé un ventilador y hasta cuatro días después no supe que también había conectado el brasero de una mesa de camilla que tengo arrumbada. Sólo noté que hacía más calor del habitual. Se dio cuenta alguien que vino a casa. Se llevó las manos a la cabeza, no sé si con más indignación que preocupación. Quién sabe cuánto habrían tardado en aparecer las llamas, en arder los libros (si no sabéis a qué temperatura arde el papel, leed a Ray Bradbury), en quemarse mi carne de haberme pillado ahí. 

Por esto, y también por otras muchas cosas que me reservo, sé que llevo mucho cansancio acumulado. Sobre todo de mí mismo, me temo. Os diría que me despido hasta septiembre, pero no me gusta faltar a mi palabra. Sé que antes o después se me ocurrirá algo, o me indignará algo, o me sorprenderá o me alegrará y os lo querré contar; o dibujaré. Lo compartiré aun a riesgo de ser preterido, pero eso forma parte del juego. No sé por qué soy escritor, afirmaba Milán Kundera, sólo sé que de pequeño era muy mentiroso. No es mi caso, lo de mentiroso, quiero decir.

Pues eso: puede que vuelva pronto, puede que no. Pero ya he guardado el brasero en un rincón del armario, lejos de los enchufes.

 

© Andrés Pérez Domínguez, julio de 2025

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