Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Teatro


Son dos horas y pico de ida y otras dos horas y pico de vuelta, hace mucho calor, aunque sea de noche y al aire libre. ¿Y qué? Me gusta conducir y en el armario tengo varios pantalones y camisas de lino. Pero sobre todo me gusta el teatro, mucho más sentado encima de una piedra en la que algún ciudadano romano de la Lusitania hizo lo mismo hace dos mil años. Lo pienso mientras pincho en el enlace para pagar, con Bizum es aún más fácil. Es raro encontrar un buen sitio con tanta premura, pero no imposible. Nunca hay que perder la esperanza. Y he tenido suerte. La suerte me sonríe a menudo, a pesar de todo. También me empeño en buscarla. Si siempre he tenido claro que conviene aprovechar los buenos momentos porque nunca sabemos cuánto durarán y es seguro que antes o después regresarán los malos, cómo no podría estar más seguro después de estas últimas semanas. Merece la pena el viaje, apenas hay tráfico, un breve paseo por la ciudad, picar algo antes de la función, contemplar asombrado esas gradas como de la época dorada del peplum. Llego temprano. Me gusta ver cómo la gente llega y se va acomodando, el murmullo que se va transformando poco a poco en silencio. Las luces. La función. El cielo oscuro salpicado de estrellas en el camino de vuelta. La luna llena. Basta un poco de voluntad para que todo resulte sencillo.

Deliciosamente sencillo.

 

           © Andrés Pérez Domínguez, agosto de 2025

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