Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

El tamaño importa

 

Recuerdo a un tipo hace muchos años que sostenía con guasa que, como el tamaño de lo que le colgaba entre las piernas no se ajustaba al mínimo deseable, le contaba a su novia que en las películas porno usaban cristales de aumento. Eso del tamaño vaso de tubo tipo Nacho Vidal es un mito, afirmaba. Bueno, lo decía de otra forma, pero el mensaje era ese. Confesable o no, comparar es humano y también lo es (humano) desear estar entre los más favorecidos por la comparación. Cuando las mujeres me juran que el tamaño no importa suelo decirles que no importa mientras no sea demasiado pequeño o demasiado grande. Por regla general sonríen al escucharme, pero a partir de ahí lo mejor es mantener la boca cerrada. Por si acaso, mejor no entrar en detalles. Y, sobre todo, mejor no preguntar a qué se dedica su ex. Porque si ha sido saltador de esquí, creedme: lo mejor es salir corriendo, por si acaso.

Con el esquí me pasa como con el golf, el pádel y montar a caballo: seguro que practicarlos es estupendo, pero encuentro tantas connotaciones elitistas (prejuicios, sin duda), que el rechazo es superior a las ganas de probar. Sin embargo, me enteré el otro día que en los juegos de invierno que se celebran en Italia algunos deportistas han aumentado su capacidad voladora sobre la nieve gracias a inyecciones de ácido hialurónico en el pene. Suena a broma, pero los datos apuntan a que es verdad. Sólo de pensar que una aguja se acerca a nuestra entrepierna los hombres no podemos evitar encogernos, pero parece que con la merienda bien aviada el traje aumenta varias tallas y es como llevar una especie de mini ala delta.

Y aquí estoy, sin gustarme el esquí, mirando la tele como un tonto, los ojos fijos en el paquete de los saltadores. Nunca se sabe cuándo habrá que argumentar una excusa coherente si una mujer te habla sobre los atributos de su ex. Los tiempos han cambiado: lo del cristal de aumento en las películas porno ya no cuela. Siempre podrá uno preguntarle si quien te precedió practicaba salto de esquí. 

Para no quedar mal, digo.

 

Febrero de 2026

 

 

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