Oye, chaval

Imagen
A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

El regreso de Ulises

Me froto las manos porque cada vez queda menos para el estreno de La Odisea, de Nolan, que pienso ver en la butaca de un cine, bien cómodo y, si es posible, bien acompañado. Los placeres saben mejor al compartirlos. Mientras, me zampo El regreso de Ulises, que desapareció de las salas antes de que pudiera ir a verla (hay cosas que es mejor no dejar para más tarde) y ahora ya no estoy tan seguro de que película de Christopher Nolan me vaya a gustar tanto. Ojalá me equivoque.

Una curva de oreja a oreja todo el tiempo mientras la botella de vino se iba vaciando. Hay ocasiones en las que merece la pena arriesgarte a un dolor de cabeza. Me chiflan los héroes sin efectos especiales, los héroes cansados que vuelven a pelear, porque no les queda otra, con la resaca de lo vivido en la mirada. Que Ralph Fiennes no haya ganado todavía un Oscar es una prueba de que el mundo no es un lugar justo. Tampoco le hace falta (ganar el Oscar, digo): nada tiene que demostrar. Penélope espera el regreso del héroe agotado, aunque todos se empeñen en convencerla de su muerte. Hace treinta años escribí una novela que jamás publiqué cuya protagonista se parecía a Juliette Binoche. Sigue tan hermosa. Vale la pena, claro que la vale, dar tumbos por el Mediterráneo durante diez años si alguien como ella mira el mar por la ventana mientras teje un sudario esperando tu regreso.

 

Marzo de 2026

 

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Hola y adiós

Nadar hasta que pueda

Regalo ejemplares de El factor Einstein