Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Horario de verano

No me entero hasta esta mañana, en pie desde muy temprano, como casi siempre, y al mirar el móvil me siento incómodo: aún no se ha levantado del todo el sol, pero con esa luz incierta suelo llevar despachados un café y unas cuantas páginas de lectura provechosa. Unos días fuera, tantas cosas en las que pensar, y sobre todo tantas cosas en las que no pensar, y me he olvidado por completo del cambio de hora. Lo he contado muchas veces, pero lo repetiré, por si sirve de algo. O, mejor, a sabiendas de que no servirá de nada: pertenezco a esa cofradía de raros que prefieren el horario de invierno (es más natural: quien quiera saber, que se informe, es fácil), me agobian esas tardes tan largas en las que la oscuridad se hace la remolona, duermo mejor, y aunque la primavera sea muy bonita y muy colorida también es la antesala del verano y el verano a veces es sinónimo del infierno, porque es muy largo y hace mucho calor y a las diez todavía no es noche cerrada. El verano sería estupendo, o quizá más soportable, si mantuviéramos el horario de invierno. Nunca cambio la hora en el reloj con que duermo: una forma, puede que tonta pero útil, de mantener la ilusión.

Sí, ya sé lo que estáis pensando: raro, aguafiestas, amargado. Espiritrompa, si queréis (ah, lo siento si no sabéis por qué lo digo, no os lo voy a contar: haber leído…). Pensad lo que queráis. No me voy a poner a rebatir vuestros argumentos. Porque, pese a todo, el verano tiene muchos momentos deliciosos, lo reconozco. Y resulta divertido, y estimulante, imaginarlos, desearlos. Dibujarlos.

            Pues eso.

 

Marzo de 2026

 

 

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