La separata

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He estado haciendo algunos cambios en el blog. Nada grave, sobre todo porque mis habilidades tecnológicas son las de un chimpancé con acceso al panel de administración, con la única diferencia que el mono sería un poco más prudente antes de pulsar una tecla al azar.  La separata  nació hace la friolera de dieciocho años. El nombre, lo he contado muchas veces, es mérito de mi apreciado Cristóbal Cervantes, que bautizó así la sección de opinión con la que castigaba cada semana a los oyentes en la desaparecida Punto Radio. No tenía ni idea de cómo crear un blog (lo que decía antes sobre el chimpancé es cierto), pero como compenso las carencias con mucha voluntad conseguí armarlo y, además de los artículos que escribía cada semana, también fui recogiendo otros más antiguos, de cuando hacía lo mismo en Onda Cero, en El Correo de Andalucía o en algunas webs que confiaron en un desconocido escritor una década antes. El más antiguo de estos textos es de 1999. El más reciente, de hace ...

El terco juntaletras


Este cuaderno ha durado menos que otros. Porque escribo mucho, claro. Valga como respuesta a ciertos idiotas que me preguntan si sigo escribiendo. ¿Sigues respirando? ¿Sigues comiendo, viviendo? ¿Follando? ¿Sigues diciendo tonterías? Suelo pensarlo mientras callo y sonrío. A veces no sonrío. Escribir forma parte de mí. Mi manera de estar en el mundo, si me pongo exquisito. Pero no me gusta ponerme exquisito. Prefiero arremangarme cuando escribo y contar lo que me dé la gana. Tiene su parte buena cuando se mira con perspectiva una carrera larga y su parte mala cuando los editores han de hacer cuentas. Lo segundo no me preocupa pero lo respeto. Lo primero tampoco me preocupa pero me gusta. 

Esta mañana llego a la página 400 de esta suerte de diario, notas, reflexiones, apuntes, y recuerdos de buenos ratos (también malos). Lo empecé hace menos de siete meses. Hoy mismo, o quizá mañana, empezaré otro. Ya no caben más cuadernos de estos en la estantería. A menudo pienso que sería bonito publicarlos, que muchos los disfrutarían. Al cabo, a todos nos gusta mirar por el ojo de una cerradura. Tengo guardada una nueva colección de cuentos que me encanta y espero publicar, aunque el mercado pida lo contrario, en una edición bonita y con garantías suficientes de que llegue a los lectores. Me importa un rábano el mercado. O lo tengo presente pero me importa mucho menos que escribir lo que me salga de las narices. O de donde podáis imaginar que me sale. Sí, de ahí mismo. Ya voy teniendo bastantes canas en la barba para decir lo que pienso. Y hay otra colección de relatos empezada. De hecho, sólo me falta corregir la primera de esas nuevas historias. Igual me pongo ahora, cuando termine esto. Y quiero empezar pronto, aunque la vida apriete por varios costados (siempre ha sido así, vaya) una novela que me revolotea en la cabeza desde hace tiempo. Si se lo cuento a mi agente me dirá que haga lo que quiera, pero que si escribo una historia de intriga ambientada en el pasado le resultará mucho más fácil vendérsela a un editor. Por eso no se lo cuento. Prefiero seguir el camino que señala mi brújula de terco juntaletras.

Puede estar atrofiada, pero es la mía. 

  

Mayo de 2026

 

 

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