Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

El terco juntaletras


Este cuaderno ha durado menos que otros. Porque escribo mucho, claro. Valga como respuesta a ciertos idiotas que me preguntan si sigo escribiendo. ¿Sigues respirando? ¿Sigues comiendo, viviendo? ¿Follando? ¿Sigues diciendo tonterías? Suelo pensarlo mientras callo y sonrío. A veces no sonrío. Escribir forma parte de mí. Mi manera de estar en el mundo, si me pongo exquisito. Pero no me gusta ponerme exquisito. Prefiero arremangarme cuando escribo y contar lo que me dé la gana. Tiene su parte buena cuando se mira con perspectiva una carrera larga y su parte mala cuando los editores han de hacer cuentas. Lo segundo no me preocupa pero lo respeto. Lo primero tampoco me preocupa pero me gusta. 

Esta mañana llego a la página 400 de esta suerte de diario, notas, reflexiones, apuntes, y recuerdos de buenos ratos (también malos). Lo empecé hace menos de siete meses. Hoy mismo, o quizá mañana, empezaré otro. Ya no caben más cuadernos de estos en la estantería. A menudo pienso que sería bonito publicarlos, que muchos los disfrutarían. Al cabo, a todos nos gusta mirar por el ojo de una cerradura. Tengo guardada una nueva colección de cuentos que me encanta y espero publicar, aunque el mercado pida lo contrario, en una edición bonita y con garantías suficientes de que llegue a los lectores. Me importa un rábano el mercado. O lo tengo presente pero me importa mucho menos que escribir lo que me salga de las narices. O de donde podáis imaginar que me sale. Sí, de ahí mismo. Ya voy teniendo bastantes canas en la barba para decir lo que pienso. Y hay otra colección de relatos empezada. De hecho, sólo me falta corregir la primera de esas nuevas historias. Igual me pongo ahora, cuando termine esto. Y quiero empezar pronto, aunque la vida apriete por varios costados (siempre ha sido así, vaya) una novela que me revolotea en la cabeza desde hace tiempo. Si se lo cuento a mi agente me dirá que haga lo que quiera, pero que si escribo una historia de intriga ambientada en el pasado le resultará mucho más fácil vendérsela a un editor. Por eso no se lo cuento. Prefiero seguir el camino que señala mi brújula de terco juntaletras.

Puede estar atrofiada, pero es la mía. 

  

Mayo de 2026

 

 

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