Boñigas
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A la mañana siguiente el padre encuentra al primero llorando por el pasillo.
—¿Qué te pasa?
—Pues mira el disgusto. Si disparo a alguien puedo hacerle daño; si rompo un cristal tendré que pagarlo. Siempre acabaré teniendo problemas.
El padre intenta consolarlo y sigue adelante. Un poco más allá aparece el otro hijo dando saltos de alegría.
—¿Y tú por qué estás tan contento?
—¡Porque los Reyes me han traído un caballo! Lo que pasa es que todavía no lo he encontrado.
Siempre me ha gustado este chiste. No porque crea que el optimismo consista en engañarse o en negar la realidad, sino porque sospecho que la vida acaba pareciéndose bastante a la actitud con que la miramos. Algunos chistes parecen una lección de filosofía. Quizá lo sean.
Como lo he contado alguna vez no voy a repetir el nombre, el empalago me espanta, pero durante la presentación de un libro, el maestro de ceremonias hizo una observación aguda: no sabía si yo era un optimista con los pies en la tierra o un pesimista positivo. Creo que, si tuviera que elegir, me quedaría con la primera. O, al menos, me gustaría creer que soy eso.
No pienso que todo vaya a salir bien porque sí. Sería una ingenuidad. La vida lleva una temporada empeñada en demostrarme lo contrario. Negarlo sería absurdo. Pero quizá sea importante saber cuándo hay que decidir entre mirar una caja de boñigas y maldecir la mala suerte o ponerse a buscar el caballo. Entre esperar el ascensor sin haber pulsado el botón o continuar haciendo planes aunque la vida apriete. Y aprieta, creedme. Entre no volver a escribir una novela o seguir esbozando historias que no sabes si se publicarán. Entre no gastar un céntimo más en libros que quizá no leerás nunca o comprarlos, porque da lo mismo: la cercanía de los libros, aun sin abrir, no tiene nada malo. Entre no viajar o seguir pensando en el próximo destino, aunque al final no puedas viajar, aunque al final las circunstancias o la vida (¿qué diferencia hay?) te dejen en la puerta de embarque con cara de idiota. Entre decirte que no te gusta la playa en verano y darte el próximo baño en el mar. Entre seguir guardando esa botella que cría telarañas esperando una velada especial o mirar unos ojos que se asoman por encima de una copa de vino. Entre acomodarte en el sofá para ver una película o la próxima conversación con un amigo.
No siempre encuentras el caballo, pero si dejas de buscarlo tal vez sólo consigas una caja de boñigas.
Junio de 2026
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