Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Casablanca

No te enfades con él, Rick. Sam es buen tío. Mejor todavía: un perro fiel. Y eso es aún mejor que un amigo. Ella le ha pedido esa canción. No te imaginas cuánta gente en el futuro repetirá vuestras palabras. “Tócala otra vez, Sam”. “Los alemanes iban de gris, tú ibas de azul”. Y la de la amistad. Pero esa todavía no puedo contártela. Tendrás que esperar al final de la película para enterarte. “De todos los bares del mundo tenía que entrar en el mío”. Esta es mi favorita. Anda que no me la he repetido veces, en distintas versiones: “De todos los hombres del mundo se ha tenido que fijar precisamente en mí”, “De todos los sitios posibles he tenido que ir a este”, “Tantas mujeres y he tenido que fijarme en esta”. Ya ves, vuestra historia da para mucho. Hasta tengo un póster en el salón. Más de treinta años lleva enmarcado. Confía en mí. Ahora toca apretar los dientes y fingir que no te importa verla con otro, como si eso fuera posible. No consuela saber que aún te quiere, ¿verdad? Y duele más cuando se le ve un buen tipo. No más bueno que tú, pero se le nota más. Apretar los dientes, digo. Jugarte la vida para que ella se vaya con otro, hay que ver. Un pagafantas, hablando en plata. Que levante la mano quien no lo haya sido alguna vez. Yo mismo podría darte un cursillo sobre hacer el tonto, en serio. Te sorprendería lo idiota que puedo llegar a ser cuando una mujer me gusta de verdad. Así que no te avergüences, amigo. Las mujeres inteligentes siempre acaban yéndose con otro: más listo, con menos escrúpulos, más atrevido, con más suerte; incluso más decente. Vete tú a saber. Y ella es inteligente además de guapa. Los héroes al final se quedan solos. La película terminará y los espectadores no te verán envejecer, no se enterarán de la ruina del café porque un día acabará la guerra y te quedarás sin clientes. Nada es para siempre, pero eso tú ya lo sabes. Tampoco el amor. Ni siquiera la amistad, aunque al final de la película puedas pensar lo contrario. Eso que te lo cuente el capitán francés. Es mejor de lo que aparenta. Igual también acaba sus días solo. Porque también, a su manera, es un héroe. Ya me gustaría que me recordasen así. Como un héroe, digo. Lo de estar solo te lo cuento otro día, si quieres.

 

Junio de 2026

 

 

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