Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Get busy living (explicado)

Me gusta cuando lo que escribo puede leerse en planos diferentes. Unos lectores disfrutarán de la capa más superficial, otros profundizarán un poco y apenas tres o cuatro personas que me conocen muy bien o participan secretamente del texto quizás entenderán de una forma más honda lo que digo. También, bastantes, incluso más de los que me atrevo a decir, afirmarán saber por qué digo lo que digo pero en realidad no tendrán ni puñetera idea. No sé si me divierte más el atrevimiento o la ignorancia. Y, por supuesto, a la mayoría no interesará lo que pongo negro sobre blanco. Cuando aceptas que no eres sino una gota, otra más, en el océano, la vida resulta un poco menos áspera. Nunca considero conveniente explicar los textos, mucho menos justificarlos. Me pasa igual que con los chistes y el amor: para qué explicar un chiste que no ha provocado una carcajada instantánea; para qué perder el tiempo en explicar a alguien las razones por la que debería estar enamorado de ti si no siente lo que te gustaría.
Igual ya estáis aburridos por el rollo que he soltado: es sábado, hace calor y esta mañana, cuando venía del supermercado, la autovía iba tan cargada que casi se podría llegar a la playa saltando de coche en coche. Bueno, al grano: tampoco se trata de abusar de vuestra paciencia. Anoche colgué una foto, la misma que ilustra el texto, con la leyenda “Get busy living”. La uso a menudo, incluso la he puesto en alguna dedicatoria. No es la primera vez que un lector (o lectora, para que algunos os muráis de envidia) me pregunta por qué me gusta tanto. Como quienes somos de natural aburrido preferimos no participar de la peregrinación playera el sábado, paso a explicarlo. Conque, a quienes todavía no hayáis bostezado o cambiado de canal, os invito a seguir.
No es mía, vaya por delante. Soy idiota para muchas cosas, pero no tanto como para adjudicarme frases de otros, mucho menos cuando estoy seguro de que si me cruzase por la calle alguna vez con el tipo que la escribió tendría que contenerme para no ponerme de rodillas y suplicarle que me bendijese. En una espléndida novela breve de la que se hizo una película no menos espléndida, Andy Dufresne se la dice a su amigo Red: “Al final todo se reduce a una cuestión muy sencilla: empeñarse en vivir o empeñarse en morir.” Luego Red, camino de la playa de Zihuatanejo para encontrarse con su viejo amigo, la recuerda. No pretendo parecer un snob, pero gusta mucho más en versión original: “Get busy living or get busy dying.” Si no habéis leído la novela tal vez os suene la película. En el libro a Red lo llaman así porque es un irlandés pelirrojo. En la película lo interpreta un actor espléndido que no es irlandés ni pelirrojo. Pero qué más da: si eres Morgan Freeman puedes llamarte como quieras. Get busy living. No es mal lema, vaya. Seguir peleando. Todo el mundo tiene un plan hasta que recibe la primera hostia, dicen que dijo Mike Tyson. Y cuando la recibes hay que improvisar para seguir en el cuadrilátero. A todos nos pasa, vaya. Y a mí, aunque tenga los párpados como dos berenjenas maduras, se me tuercen los labios ensangrentados en una mueca de satisfacción cuando entiendo que, a pesar de todo, incluso a pesar de que sea Mike Tyson quien me use de sparring, voy a llegar de pie al decimoquinto asalto. Porque de eso se trata.
Un día se acaban las guardias en el hospital, otro día un amigo te llama para preguntarte cómo estás y te cita para comer con otro amigo en uno de tus rincones favoritos; otro día coges el coche y conduces durante un par de horas, porque a veces hay que decirse “¿por qué no?” y vivir una aventura, aunque sólo sea por unas horas; porque no quieres que termine junio sin haberte dado el primer baño del verano (el año pasado no pudo ser y eso no lo vas a consentir), en una playa donde a nadie le importa si llevas bañador o no; porque en un restaurante delicioso te tomas un mojito al caer el sol y te encuentras a un viejo amigo muy querido que tras darte un abrazo se da la vuelta y le dice a las camareras que eres el mejor escritor del mundo. Sabes que es mentira, y él también lo sabe, pero no es menos cierto que durante el tiempo que ha tardado en decirlo lo pensaba de verdad, y quizá tú también te lo has creído, a pesar del rubor. Y otro día caminas con otro tipo que te aprecia bien y se le ilumina la cara cuando le cuentas que ese es el paseo de la amistad por tantas cosas que habéis compartido en esos pocos metros. La amistad se forja de uno en uno, a mi entender, no en juergas de machismo rancio. Yo me entiendo. Total, hoy va la cosa de guiños. Cuatro o cinco personas se reconocerán en lo que escribo y quizá sonreirán. Espero que los demás también.
Get busy living, ¿no?
Ya sabéis por qué lo digo.

Junio de 2026

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