La separata

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He estado haciendo algunos cambios en el blog. Nada grave, sobre todo porque mis habilidades tecnológicas son las de un chimpancé con acceso al panel de administración, con la única diferencia que el mono sería un poco más prudente antes de pulsar una tecla al azar.  La separata  nació hace la friolera de dieciocho años. El nombre, lo he contado muchas veces, es mérito de mi apreciado Cristóbal Cervantes, que bautizó así la sección de opinión con la que castigaba cada semana a los oyentes en la desaparecida Punto Radio. No tenía ni idea de cómo crear un blog (lo que decía antes sobre el chimpancé es cierto), pero como compenso las carencias con mucha voluntad conseguí armarlo y, además de los artículos que escribía cada semana, también fui recogiendo otros más antiguos, de cuando hacía lo mismo en Onda Cero, en El Correo de Andalucía o en algunas webs que confiaron en un desconocido escritor una década antes. El más antiguo de estos textos es de 1999. El más reciente, de hace ...

Junio

Me gusta junio. Cuando lo digo en voz alta resulta más evidente la paradoja que sospecho: abomino del calor en el paraíso al sur de Despeñaperros pero celebro el mes en que al sol le da por mostrarnos cómo es la antesala del infierno. Pero me da igual porque no creo en el infierno. Tampoco en el cielo. Cuentan las crónicas que algunos cruzados centroeuropeos que se apuntaron a la excursión a las Navas de Tolosa tuvieron que retirarse porque se les recalentaron los cascos bajo el sol andaluz. Tiene sentido: morir por el tajo de una cimitarra se antoja más honroso que caerse del caballo por una bajada de tensión. Quizá voy de moderado y ecuánime pero me seducen los extremos: los sabores fuertes, algunos vinos potentes (mi querido Rafa, tan astuto, casi más de lo que aparenta, lo adivinó un día que le conté qué vino de los que habíamos tomado prefería), las luces navideñas en diciembre y el mes de junio porque marca el inicio de alguna promesa de felicidad. Como de vacaciones infantiles. Tengo esbozada una novela sobre eso, a ver si me pongo a escribirla de una vez. Luego es distinto. No digo mejor ni peor, sólo distinto. Y el verano es demasiado largo. El año pasado la mala suerte me robó junio. Este año ha vuelto a sacudirme. Pero suelo crecerme cuando me agarran por las solapas. Hoy toca tomar manzanilla, muy fría, con Rafa. Hablar un rato, sin prisas. Reírnos. Contarnos las dudas y las zozobras. También las alegrías. Mirar a junio a los ojos, con templanza. 

No llevo casco y tampoco he venido a pelear, pero desde que me rapo el cráneo uso sombrero y crema solar. La coquetería es marca de la casa: a mi madre le sigue preocupando su imagen, a su edad y a pesar de todo. Camisa azul oscuro. La negra aún sigue intacta en el armario.

Sigo esperando el momento oportuno para estrenarla. 

Los lectores pata negra sabéis de qué hablo.

 

Junio de 2026

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