Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Junio

Me gusta junio. Cuando lo digo en voz alta resulta más evidente la paradoja que sospecho: abomino del calor en el paraíso al sur de Despeñaperros pero celebro el mes en que al sol le da por mostrarnos cómo es la antesala del infierno. Pero me da igual porque no creo en el infierno. Tampoco en el cielo. Cuentan las crónicas que algunos cruzados centroeuropeos que se apuntaron a la excursión a las Navas de Tolosa tuvieron que retirarse porque se les recalentaron los cascos bajo el sol andaluz. Tiene sentido: morir por el tajo de una cimitarra se antoja más honroso que caerse del caballo por una bajada de tensión. Quizá voy de moderado y ecuánime pero me seducen los extremos: los sabores fuertes, algunos vinos potentes (mi querido Rafa, tan astuto, casi más de lo que aparenta, lo adivinó un día que le conté qué vino de los que habíamos tomado prefería), las luces navideñas en diciembre y el mes de junio porque marca el inicio de alguna promesa de felicidad. Como de vacaciones infantiles. Tengo esbozada una novela sobre eso, a ver si me pongo a escribirla de una vez. Luego es distinto. No digo mejor ni peor, sólo distinto. Y el verano es demasiado largo. El año pasado la mala suerte me robó junio. Este año ha vuelto a sacudirme. Pero suelo crecerme cuando me agarran por las solapas. Hoy toca tomar manzanilla, muy fría, con Rafa. Hablar un rato, sin prisas. Reírnos. Contarnos las dudas y las zozobras. También las alegrías. Mirar a junio a los ojos, con templanza. 

No llevo casco y tampoco he venido a pelear, pero desde que me rapo el cráneo uso sombrero y crema solar. La coquetería es marca de la casa: a mi madre le sigue preocupando su imagen, a su edad y a pesar de todo. Camisa azul oscuro. La negra aún sigue intacta en el armario.

Sigo esperando el momento oportuno para estrenarla. 

Los lectores pata negra sabéis de qué hablo.

 

Junio de 2026

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