Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Spermmaxxing

Sí, ya lo sé: dos artículos seguidos en torno al sexo tal vez sean demasiados. Andrés está fatal, pensaréis. Entre que ha empezado el verano, que a su madre le han dado el alta y que las mujeres ya no lo miran como antes no toca sino aguantarlo, pobre. Y mirad que lo siento. No creo en el destino (y no os aburriré otra vez con mi teoría sobre las bolas de billar: buscad en esta bitácora o en cierta novela mía si tenéis curiosidad), pero es poner la radio mientras conduzco y enterarme de algo relacionado con lo que sucede al sur de la cintura. Ayer descubrí uno de esos neologismos gracias a los cuales los diccionarios no dan abasto: Spermmaxxing, una práctica destinada a maximizar la calidad o la cantidad del esperma. Mi conocimiento sobre el asunto, hasta ayer mismo, lo confieso, se reducía a un comentario de Nacho Vidal sobre la conveniencia del zumo de tomate para la sobreabundancia de ciertos fluidos indispensables en su trabajo. Como soy un hombre al modo terenciano y nada de lo humano me resulta ajeno, pongo la oreja y me entero de que básicamente consiste en evitar el calor excesivo en los testículos, usar ropa interior menos ajustada, aplicar frío, evitar saunas o jacuzzis, mejorar la dieta, dormir mejor, reducir el alcohol y el tabaco y tomar suplementos. Y ahora, vayamos por partes. Partes bajas, digo. Disculpadme el fácil juego de palabras, pero quizá haya algo cierto en lo que decía más arriba sobre mi estado anímico y necesite desahogarme. Lo de evitar el calor excesivo no resulta sencillo viviendo en el sur de España. Que levanten la mano mis paisanos varones. Si se atreven. Lo de usar ropa interior menos ajustada siempre me ha parecido un ejemplo de comodidad. Cuando en un vestuario veo a un tipo con los calzoncillos apretados, y son mayoría, me cuesta evitar cierto encogimiento entrepernil. También sé de más de una a la que un hombre que no necesite un calzador para ajustarse los calzoncillos, por muchas cualidades que atesore, incluida la buena forma física, le recuerda a su padre. O peor, a su abuelo. Lo de ponerse hielo en los cataplines no lo veo, la verdad, a no ser que te llames Robert de Niro, estés interpretando a Jake La Motta y te vacíes la cubitera en los huevos porque empotrar a Cathy Moriarty no es la mejor idea si quieres ganar el próximo combate. Como suelo decir: si no sabes de qué hablo, haber visto más cine del bueno. Lo de dormir mejor es difícil: sufro rachas de insomnio y tantas horas de luz en verano no ayudan. No tengo jacuzzi ni sauna ni los frecuento; no he fumado en mi vida, apenas bebo y no tomo suplementos. Como bien pero no soy muy comilón. Me refiero a alimentarme: echad el freno si ibais a compadeceros de algunas mujeres que me dejaron. O sí, como queráis. Bastantes problemas tengo como para preocuparme por tonterías. 

Y ahora os dejo, que voy a poner la radio.

Todo sea por seguir aprendiendo.

 

Junio de 2026

 

 

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