Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Spermmaxxing

Sí, ya lo sé: dos artículos seguidos en torno al sexo tal vez sean demasiados. Andrés está fatal, pensaréis. Entre que ha empezado el verano, que a su madre le han dado el alta y que las mujeres ya no lo miran como antes no toca sino aguantarlo, pobre. Y mirad que lo siento. No creo en el destino (y no os aburriré otra vez con mi teoría sobre las bolas de billar: buscad en esta bitácora o en cierta novela mía si tenéis curiosidad), pero es poner la radio mientras conduzco y enterarme de algo relacionado con lo que sucede al sur de la cintura. Ayer descubrí uno de esos neologismos gracias a los cuales los diccionarios no dan abasto: Spermmaxxing, una práctica destinada a maximizar la calidad o la cantidad del esperma. Mi conocimiento sobre el asunto, hasta ayer mismo, lo confieso, se reducía a un comentario de Nacho Vidal sobre la conveniencia del zumo de tomate para la sobreabundancia de ciertos fluidos indispensables en su trabajo. Como soy un hombre al modo terenciano y nada de lo humano me resulta ajeno, pongo la oreja y me entero de que básicamente consiste en evitar el calor excesivo en los testículos, usar ropa interior menos ajustada, aplicar frío, evitar saunas o jacuzzis, mejorar la dieta, dormir mejor, reducir el alcohol y el tabaco y tomar suplementos. Y ahora, vayamos por partes. Partes bajas, digo. Disculpadme el fácil juego de palabras, pero quizá haya algo cierto en lo que decía más arriba sobre mi estado anímico y necesite desahogarme. Lo de evitar el calor excesivo no resulta sencillo viviendo en el sur de España. Que levanten la mano mis paisanos varones. Si se atreven. Lo de usar ropa interior menos ajustada siempre me ha parecido un ejemplo de comodidad. Cuando en un vestuario veo a un tipo con los calzoncillos apretados, y son mayoría, me cuesta evitar cierto encogimiento entrepernil. También sé de más de una a la que un hombre que no necesite un calzador para ajustarse los calzoncillos, por muchas cualidades que atesore, incluida la buena forma física, le recuerda a su padre. O peor, a su abuelo. Lo de ponerse hielo en los cataplines no lo veo, la verdad, a no ser que te llames Robert de Niro, estés interpretando a Jake La Motta y te vacíes la cubitera en los huevos porque empotrar a Cathy Moriarty no es la mejor idea si quieres ganar el próximo combate. Como suelo decir: si no sabes de qué hablo, haber visto más cine del bueno. Lo de dormir mejor es difícil: sufro rachas de insomnio y tantas horas de luz en verano no ayudan. No tengo jacuzzi ni sauna ni los frecuento; no he fumado en mi vida, apenas bebo y no tomo suplementos. Como bien pero no soy muy comilón. Me refiero a alimentarme: echad el freno si ibais a compadeceros de algunas mujeres que me dejaron. O sí, como queráis. Bastantes problemas tengo como para preocuparme por tonterías. 

Y ahora os dejo, que voy a poner la radio.

Todo sea por seguir aprendiendo.

 

Junio de 2026

 

 

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