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Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Un mundo perfecto

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   En un mundo perfecto debería haber una ley que prohibiera acercarse a los racistas borrachos a la Puerta del Sol o a cualquier espacio público. En un mundo perfecto tal vez existiera esa ley y además la policía se encargaría de hacerla cumplir a rajatabla. En un mundo perfecto la gente no se asustaría al ver a zoquetes uniformados con camisetas negras serigrafiadas con insignias de las Waffen SS, o luciendo músculos o lorzas y tatuajes de gusto dudoso en el torso mientras beben cerveza en la calle desnudos. No los dejarían entrar en el metro, amedrentando con sus cánticos y su falta de modales a todo el que ha tenido la mala suerte de cruzarse con ellos y no le queda más remedio que apretar los dientes y mirar para otro lado, con los dedos cruzados para que no se fijen en él. En un mundo perfecto, en lugar de a un hombre que sale del metro aterrado, la bestia borracha le daría una un manotazo y una patada a la persona equivocada, alguna que yo me sé, y se le quitarían ...

A la luz de una vela

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     Una de dos: o me estoy haciendo viejo o antes era todo más sencillo. Tal vez las dos cosas, quizá ninguna. Hace no muchos años ibas al banco, pedías un extracto de tu cuenta y te llevabas el papelito doblado. Ahora también, pero de cuando en cuando el director de la sucursal , con mano izquierda, si la tiene, te sugiere que desde casa puedes hacer todas esas gestiones sin molestarte en esperar cola . Siempre le contestas lo mismo: que sí, que tú ya tienes una tarjeta que te dieron para mirar tu cuenta y averiguar si los editores esta vez no se han retrasado dos o tres meses en liquidarte las ventas de tus libros ; pero resulta que te equivocaste una vez al teclear la clave y vuelta a empezar, y con la clave nueva, por más que lo intentas, no puedes acceder a tu cuenta . Así que el director  hace como que te entiende y se vuelve a su despacho preguntándose por qué ellos tienen una oficina abierta al público en lugar de un call center , de los que cuando ll...

Felices 140

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A menudo he fantaseado con que me toca una lluvia de millones en la lotería . Seguro que muchos de quienes están leyendo esto también. Hace tres o cuatro años le tocaron ciento veinte millones de euros al vecino de un pueblo cercano, y eso significa dos cosas: que nada es imposible, y que, estadísticamente, lo más lógico es que la suerte no se deje caer otra vez por estas tierras en unos cuantos siglos. Supongo que lo normal es imaginarse a uno mismo después de ser agraciado con el euromillón pagando mansiones a tocateja, o yates, o deportivos hortera , pero a mí lo que me gustaría es que mi vida no cambiara demasiado. Creo que seguiría haciendo lo mismo, pero con la tranquilidad de tener la espalda cubierta, y quizá, como mi admirado Edmundo Dantés , convertirme en la providencia para unas cuantas personas muy queridas, haciéndome pasar por otro ―el disfraz de abate Faria no estaría mal―, ingeniándomelas para que nadie sospechara la verdadera identidad de su benefactor. Es la f...

Don Quijote 451

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Aburrido estaba ya de oír hablar de los huesos de Cervantes , que no se sabe ni se sabrá nunca si pertenecen al creador de Alonso Quijano, cuando, en el mismo periódico, también de una forma destacada pero no tanto como los párrafos dedicados a un sinsentido al que por más vueltas que le doy no encuentro más utilidad que la que puedan extraer los políticos en este año con elecciones hasta en la sopa, aparece la noticia de que la casa de Ray Bradbury en Los Ángeles ha sido vendida y demolida sin que ya nadie pueda poner remedio. Como tantos escritores, Miguel de Cervantes apenas disfrutó de las mieles de la celebridad , pero Ray Bradbury , quizá porque tuvo la suerte de nacer en el siglo XX y ser norteamericano , sí había encandilado en vida a varias generaciones de lectores de todo el mundo. Pero que menos de tres años después de su fallecimiento el destino de la casa donde el autor de Fahrenheit 451 vivió más de cincuenta años sean unos cascotes no es sino una alegoría de...

Francisco González Ledesma

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Se ha muerto Francisco González Ledesma y albergo la triste pero me temo que también certera sospecha de que poca gente sabía quién era. En España se lee poco , así que no tiene por qué resultar sorprendente que más allá del gremio literario y de los lectores del finado el nombre de un tipo que ha escrito más de cuatrocientas novelas del Oeste y policíacas no resulte familiar. Si acaso, a los lectores más viejos que compraban novelas baratas en los quioscos les dirá algo el nombre de Silver Kane , el exótico pseudónimo con que el escritor catalán firmó casi todas esas obras. Viajo a Barcelona con frecuencia, pero nunca conocí en persona a Francisco González Ledesma a pesar de que acostumbraba a pasarse los sábados a probar el vino y los mejillones en la librería Negra y criminal , ese templo que los amantes de la novela policíaca del pintoresco barrio de la Barceloneta . Pero yo padezco una manía congénita que me empuja a escaquearme de la mayoría de los actos a los...

Gilipollez viral

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Aunque nadie se lo crea, yo no me había enterado de la existencia del afamado vestido a rayas sobre cuyos colores nadie parece ponerse de acuerdo hasta ayer, pero parece que más de veintiocho millones de personas han comentado, compartido o retuiteado la polémica imagen: unos dicen que el vestido es azul y otros que es dorado. Yo lo veo azul, pero qué más da si es dorado o de lunares. Lo inquietante es que tanta gente pierda el tiempo en las redes sociales por una estupidez semejante, que los telediarios dediquen su valioso espacio para hacerse eco de la tontería, que en mitad de una tertulia política los invitados pierdan el tiempo discutiendo sobre esto. Lo digo y me pregunto si no será una contradicción quejarme de algo de lo que también estoy escribiendo. Nunca miro los trending topics . Creo que me irritaría. Mi relación con las redes, ya lo he dicho alguna vez, es muy endogámica: las uso para mantener contacto con mis lectores y algunos amigos. Pero para cierta gente ser tr...

¿Para cuándo la próxima?

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Cuando parecía que Harper Lee iba a pasar la historia de la Literatura por ser la autora de una única novela nos enteramos de que, cincuenta y cinco años después de Matar a un ruiseñor , pronto se publicará otro libro suyo. Ignoro los motivos por los que la novelista norteamericana se ha pasado cinco décadas y media sin entregar un artefacto narrativo a la legión de lectores que a lo largo del tiempo ha cosechado la historia protagonizada por el abogado idealista Atticus Finch . Es cierto que cuarenta millones de ejemplares vendidos y Gregory Peck metido en la piel del héroe tranquilo de tu novela te regalan la libertad para hacer lo que te plazca, incluso no volver a escribir. Pero se me antoja que Harper Lee habría elegido el mismo aislamiento si Matar a un ruiseñor hubiese pasado desapercibida y Hollywood no se hubiera fijado en ella. Cuesta imaginarla en esta época, con la sobrexposición a la que están sometidos los escritores en las redes sociales , lo extraña que r...