Si algo hay que reconocer a James Cameron, aparte del
talento cinematográfico, es su habilidad para obtener beneficio de casi
cualquier aventura que emprenda. No es casualidad que se haya atrevido a ser el
primer hombre en bajar en solitario hasta el lecho de la fosa de las Marianas la misma
semana que Titanic se estrena en 3D. Dicho esto, no puedo evitar sonreír
al enterarme hoy de que el gobierno chino ha mutilado los planos de la película
en tres dimensiones donde aparecen los pechos de Kate Winslet mientras Leonardo
Di Caprio dibuja sus curvas. Otro golpe de suerte en forma de promoción
gratuita. Y, al cabo, van a ser los chinos los que se lo pierdan. Las tetas de
la Winslet, quiero decir.

Yo recuerdo haber disfrutado mucho con Titanic cuando
la vi en el cine, en las dos dimensiones de toda la vida. Pero, si soy sincero,
dejando las bromas y las tetas aparte, los protagonistas de la película no me
parecieron nada del otro mundo. Tendría que ver Titanic de nuevo (yo
tendré la suerte de verla en España...) para ver si ahora sus interpretaciones
de entonces me sugieren algo más. Pero también he de reconocer que los años me
han quitado la razón. Di Caprio me ha gustado mucho en las últimas películas
suyas que he visto (Infiltrados, Shutter Island, Origen;
la inquietante Revolutionary road, donde él y Kate Winslet sí están muy
bien. Por J. Edgar no terminé de decidirme: me daba pereza). Con Kate
Winslet me ha pasado tres cuartos de lo mismo: ahora me parece mucho más guapa
que en Titanic, y estaba espléndida, vestida y desnuda, en El lector,
aunque no posara para el pintor Di Caprio ni falta que le hacía; y en Little children (no quiero pecar de
cursi, pero me gusta más el título original que Juegos secretos), y en
la serie Mildred Pierce. Supongo que ninguna de estas tres películas ni
la serie podrán verse completas en China si las estrenan en 3D porque Kate
Winslet se despelota en todas. Mucho más que en Titanic, para el gozo de
sus fans. Allí los espectadores habrán que conformarse en el cine con girar la
cabeza del susto al ver acercarse el iceberg inoportuno por estribor. No digo
yo que eso esté mal. Pero seguro que no es lo mismo...
©
Andrés Pérez Domínguez, abril de 2012
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