A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...
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El médico alemán
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Casi siempre que termino una novela, mi agente
o el editor que corresponda me sugieren que cargue un poco más las tintas en la
acción o la intriga. Incluso algún colega me dijo una vez, hace años, que el problema
de una novela mía es que “era demasiado buena”. Se refería a que tenía voluntad
literaria, algo que, al parecer, ni la gran masa de lectores, ni él, por
supuesto, apreciaban. Venderías el triple si hubiera más tiros, más
persecuciones y más sexo, añadió. No me lo invento. Palabra. Y tampoco le doy
importancia. A veces resulta raro, y divertido, que a uno lo consideren un
autor de novelas de intriga cuando lo que más le preocupa es explorar lo que
les pasa a los personajes por dentro, pero ésa es otra historia. Mis lectores saben -espero- que la intriga, si la hay, es una excusa para que la historia avance mientras me entretengo en explorar otros asuntos.
La cuestión es que
como escritor, como lector y como espectador prefiero las historias interesantes, con intriga y
algo de acción, si es posible o si la trama lo permite (y no me preocupa demasiado), pero sobre todo que
escondan una carga de profundidad indetectable a primera vista;
que me obliguen a seguir pensando en el argumento o en su significado una vez que
haya cerrado las páginas de libro o aparezcan los créditos al final de la película .
Por eso
me ha gustado mucho El médico alemán, de Lucía Puenzo, que parece que
tenía el misterioso título de Wakolda originariamente. La rescaté el otro día
de Canal + al recordar, de pronto, alguna secuencia que vi en la tele cuando la
estrenaron. Esta manía mía de grabar películas indiscriminadamente para luego
buscar si alguna merece la pena de vez en cuando me trae un regalo inesperado.
Puede que que le falte algo, pero qué más
da. A mí me ha gustado mucho esta historia intimista y a ratos terrorífica, salpicada de sugerencias, sobre las andanzas de Mengele en la Patagonia
en los primeros años sesenta. Fantástico Alex Brendemühl como el médico de
Auschwitz. Después de ver la película no se me ocurre otro actor mejor para ese
papel. Consigue que el monstruo parezca un ser humano. Qué lástima
que la sugerencia y la ausencia de efectismos baratos coticen a la baja, en el
cine y en los libros.
Por aquí dejo esta reseña que apareció en la web LETRAS. La firma Francisco Vélez Nieto, a quien aprovecho para saludar y dar las gracias desde aquí.
Y, por cierto, antes de que nadie empiece a pensar mal. No conozco de nada a Francisco Vélez Nieto, nunca nos han presentado ni, que yo sepa, tenemos intereses comunes. Y lo mismo me sucede con la mayoría de los críticos que hablan de mis libros. Esto viene a cuento por varios comentarios que cierta gente malitencionada ha dejado en la entrada de un blog donde han reseñado El violinista de Mauthausen . Vale que me tiren piedras a mí, y si alguien piensa que el libro no merecía siquiera haber sido publicado, pues estupendo, cada uno tiene su opinión, y si a un crítico no le gusta mi trabajo no tengo nada que objetar. Pero los malos modales siempre me han incomodado (en la calle, al volante, en la barra de un bar o por escrito) y que se roce el insulto con la gente que lee mis libros no lo puedo tolerar, y tampoco que se lance una sombr...
(Este artículo está escrito en versión "traducida" más abajo, por si alguien no lo entiende bien. Monze, yo también zoy andalú Hoy no te hablo a ti, Crihtoba, zino a Monzerrá Nebrera. Bueno, Monze, zupongo que pa lohamigo, porque azín ze llama en zu bló. Vamoh a veh, Monze, miarma, cómo te lohplico paquementiendah bien. Rezurta que yo también zoy andalú, y aunque no me guhta ni er rosío, ni la zemana zanta ni la feria hay una coza que rivindico con orgullo ca ve que voy Dehpeñaperro arriba, y eh mi asento, fíhate. A mí me guhta hablá en andalú, y aunque podría hablá zin asento zi me lo propuziera, pa mí zería una impohtura tan ehtúpida como zi hablaze en otridioma, como zi lisiera en inglé o en alemán, por sierto, Montze, que ezoh doh idiomah a pezá dabehme criao en Zevilla tambié loh hablo, y zobre tó el inglé zin ningún rahtro de asento andalú, quería mía. Ya te digo, Montze, que entre encorzertarme cuando hablo en cahtellano pa que tú mentienda o hablá er mihmo andalú qu...
Pues ya no hay vuelta atrás. El libro se está distribuyendo, y me espera una gira promocional que me va a llevar por unas cuantas ciudades españolas. También nos vamos dentro de poco con una veintena de periodistas a Austria, para hacer algunos reportajes en el campo de exterminio de Mauthausen. Vienen diarios, suplementos dominicales, revistas, televisiones... Da un poco de vértigo pensarlo, pero bueno, no se me ocurre otra forma mejor de que los lectores se enteren de que El violinista de Mauthausen ya está aquí. Pero todo eso vendrá después. Lo primero, y como no podía ser de otra forma, será la puesta de largo en Sevilla. El próximo miércoles, 4 de noviembre, a las 12,30 h estaremos en el Ateneo (c/ Orfila, 7, Sevilla), presentando El violinista de Mauthausen y Amerika , la novela de Lorenzo Luengo ganadora del Ateneo Joven. Luego habrá una copa. Es una rueda de prensa, pero puede asistir todo el que quiera. Allí estaremos.
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