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Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Vello “público”

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Hace tiempo que venía oyendo que las actrices Gwyneth Paltrow y Cameron Díaz se habían lanzado a una cruzada para defender las ventajas de no depilarse el pubis, pero lo que al principio parecía un comentario intrascendente de dos mujeres sobre sus preferencias estéticas en cuanto a los bajos se refiere amenaza con convertirse en una batalla cruenta entre las detractoras del rasurado y las que no, y entre los defensores y los que no, porque la controversia también se extiende a los hombres, en sus preferencias capilares por el otro sexo o por su propio estilismo en las ingles. En la radio unos cuantos tertulianos se están peleando por el asunto del vello púbico femenino mientras tecleo esta entrada porque estos días los escaparates neoyorquinos de American Apparel lucen sin complejos a unas atrevidas maniquíes con feracidad salvaje en la entrepierna. Lo íntimo pasa a ser de dominio popular y el asunto del vello púbico ahora es público. Los tertulianos radiofónicos ahora discuten ...

La marea

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A menudo recurro a una frase que me gusta mucho de la espléndida película Náufrago , hacia el final, Tom Hanks sentado frente a la chimenea de la casa de su amigo después de haber regresado de la isla y le cuenta que cuando estaba todo perdido y pensaba que jamás regresaría, un día la marea le trajo una vela para poder escapar de allí. Por eso ahora no debo estar triste, añadía, porque al final nunca sabes qué puede traerte la marea.                           Hace un par de días andaba atascado en el laberinto del segundo acto de una nueva novela pero al salir a patear el campo volví con unas cuantas ideas que han sido como un soplo importante de viento para empujar el barco hasta el final de la travesía. Ayer por la mañana estaba enfadado y decepcionado por unas cuantas cosas que no vienen al caso, pero por la tarde recibí un paquete con unos cuantos ejemplares de la edición en bolsillo de El silencio de t...

La trama

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Una de las cosas que más me preocupan cuando estoy escribiendo una novela es la solidez de la trama. Me inquieta pensar que haya lectores que frunzan el ceño y cierren un libro mío de pronto porque algo les resulta poco coherente o demasiado rebuscado o forzado, como a mí me pasa muchas veces, demasiadas veces, cuando leo una novela. En realidad, los personajes se me aparecen de una forma natural cuando estoy diseñando la historia, la documentación es un proceso no muy complicado aunque a veces pesado, y aunque quieras parecerte a otros escritores que te gustan, el estilo es algo tan personal que al cabo de sólo unas pocas páginas uno no puede sino escribir como sabe o como le sale. Pero la trama rara vez se muestra por arte de magia, al menos a mí no me pasa, y sólo después de estrujarme mucho la cabeza y trabajar en ella durante meses acabo consiguiendo que todas las piezas encajen como un armazón sólido que sostenga lo que de verdad quiero contar aunque no lo muestre abiertamen...

Mensajes de ultratumba

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Parece que una empresa ha hecho posible ese sueño de los aficionados a la parapsicología ―entre los que no me encuentro― de irse al otro mundo y poder seguir comunicándose con los de éste. Lo cuentan en un telediario y me quedo pensando lo buena que me parece la idea. Me apresuro a aclarar, por si alguien que me lee lo está pensando, que no estoy recurriendo al cinismo. Uno de los programas que más me interesa ver cuando alguien ha muerto es Epílogo , en la que la voz de una invisible Begoña Aranguren empieza invariablemente la entrevista recordándole al invitado que se emitirá después de haber fallecido. No hay de morbo en mi interés, sino mucha curiosidad por escuchar a José Luis Sampedro, a Fraga, a Vázquez Montalbán y a tantos otros explayarse a sabiendas de que, cuando la entrevista se emita, ellos ya habrán dicho adiós para siempre. Según he visto en el telediario este nuevo servicio, que creo recordar es gratuito, permite dejar mensajes a quien quieras para que se los env...

Lo que no suma, resta

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No soy de los que se hacen propósitos para el año que empieza. Además, enero me parece un mes áspero, antipático, y tenía tantas ganas de volver a mi rutina que no he esperado a mañana y esta misma tarde he abierto la carpeta donde guardaba el manuscrito de mi nueva novela. Me gustan las Navidades pero ya estaba un poco cansado de fiestas. No tengo propósitos para este 2014 que estrenamos salvo poder quedarme al menos como estoy. Será que me voy haciendo mayor y cada vez soy más consciente de que la vida es mejor cuanto más sencilla y que el mundo de cada uno se reduce a unas cuantas cosas que casi siempre están al alance de la mano. Un viejo amigo con el que perdí el contacto hace mucho siempre me decía, con ademanes paternales que nunca le pedí y tampoco me gustaban, que, tuviera lo que tuviera o consiguiera lo que consiguiera, nunca me conformara. Pero la gente que vive como si estuviera en una competición permanente me acaba cansando enseguida, por su manera de estar en el m...

La noción del tiempo

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Me obligo a suspender durante la Navidad la escritura de mi nueva novela, pero al cabo de unos pocos días compruebo con extraña resignación que me he convertido ―en realidad, siempre lo he sido― en uno de esos tipos que se sienten culpables y aturdidos cuando no están trabajando, aunque muchas veces, cuando toca, no me mporte trabajar los sábados y los domingos o levantarme a unas horas muy raras porque mejor que soportar el agobiante insomnio en la cama es mejor sentarse en el despacho a escribir. Aunque puedo trabajar cuando quiera, ahora mismo, en cuanto termine de escribir esta entrada, empujo penosamente los días de la Navidad que me gusta tanto pero también se me hace tan larga. Soy uno de esos desgraciados que no saben qué hacer cuando no están trabajando y necesitan la rutina y miran el ocio con recelo, para tenerlo a raya quizá, y el viernes pasado me mosqueó darme cuenta de que había perdido la noción del tiempo. En el telediario, por la noche, hablaban de la operación s...

En el instituto de Sanlúcar, treinta años después

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Me habían invitado a participar en un encuentro con los chavales del instituto de Sanlúcar la Mayor, donde estudié desde primero hasta tercero de B.U.P, lo que ahora creo que sería desde tercero de E.S.O. hasta primero de bachillerato. Me contaron que algunos alumnos del centro habían leído La clave Pinner y me preguntaron si podía acercarme un día. No pensé que serían más de cinco o seis estudiantes que habían solicitado un ejemplar en la biblioteca del instituto, pero a ciertos sitios no puedes dejar de ir si te lo piden, y además vas con gusto y por la patilla, entre otras cosas porque también has estudiado allí y cuando uno tenía quince años, como la mayoría de los alumnos de segundo de E.S.O. que han estado conmigo esta mañana, le hubiera gustado ver que los escritores no siempre son seres lejanos y misteriosos que en la mayoría de los casos llevan muchos siglos criando malvas bajo una lápida. Me acerco con algo de tiempo porque antes de la charla quiero echar un vistazo a...